{"id":1162,"date":"2010-12-10T14:58:43","date_gmt":"2010-12-10T14:58:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www2.nasaacin.org\/index.php\/2010\/12\/10\/de-aperturas-y-nuevas-politizaciones\/"},"modified":"2010-12-10T14:58:43","modified_gmt":"2010-12-10T14:58:43","slug":"de-aperturas-y-nuevas-politizaciones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tejidohistorico.afrodescendientes.com\/index.php\/2010\/12\/10\/de-aperturas-y-nuevas-politizaciones\/","title":{"rendered":"De aperturas y nuevas politizaciones"},"content":{"rendered":"<p \/>Coexisten en el pa\u00eds al menos dos din\u00e1micas que organizan territorialidades diferentes. Por un lado, el plano de reconocimiento de derechos de inclusi\u00f3n (que mixturan pol\u00edticas asistenciales con nuevas formas de ciudadan\u00eda) y de consolidaci\u00f3n de conquistas simb\u00f3licas sobre la memoria y la justicia vinculadas a los cr\u00edmenes de la dictadura.  <!--more-->  <\/p>\n<h2><strong>DE APERTURAS Y NUEVAS POLITIZACIONES<\/strong><\/h2>\n<p><strong>EL DESBORDE<\/strong><br \/>Un momento de apertura pol\u00edtica est\u00e1 marcado tanto por la dificultad de nombrarlo de modo f\u00e1cil y preciso como por la pluralidad de significados que despierta. De all\u00ed su fuerza para trastocar la escena. Aquello que se abre tambi\u00e9n se escapa de foco: hace visible simult\u00e1neamente varios planos, en un tiempo desigual y combinado. A ese momento de apertura se lo vive con cierta perplejidad: la falta de definiciones no es, sino, efecto de lo que se resiste a ser encuadrado. Tal vez una imagen posible, a la altura de esa indefinici\u00f3n, sea la del desborde. Toda una secuencia de hechos hist\u00f3ricos pueden caracterizarse por ese fugarse de lo previsto. Es esa din\u00e1mica lo que vuelve a estos hechos momentos irreversibles y \u00fanicos, capaces de reinventar el almanaque. Doble fuerza del desborde, entonces: la de salirse del cauce (como lo hace el agua) y superar las previsiones, pero tambi\u00e9n la de hacer visible una vivencia de exaltaci\u00f3n colectiva, una demostraci\u00f3n intensa de sentimientos.<\/p>\n<p>La plaza de Mayo que se pobl\u00f3 tras la muerte de Kirchner (y los d\u00edas siguientes) tuvo esa impronta de desborde. Tal vez su sentido m\u00e1s evidente haya sido defensivo: dejar claro y constatar entre los muchos que all\u00ed nos encontramos que no se admitir\u00e1 un retroceso. Esto es: ni la imposici\u00f3n de escenarios represivos (esbozados ante todo en el criminal asesinato de Mariano Ferreyra) ni la marcha atr\u00e1s de medidas de gran relevancia popular, ya asumidas colectivamente como derechos adquiridos. La convocatoria result\u00f3 sorpresiva y diversa. Imposible ser\u00eda adjudicar esas presencias a la capacidad organizativa de los grupos m\u00e1s consolidados. Necesario resulta comprender hasta qu\u00e9 punto ese torrente desdibuja y rebasa todo tipo de polarizaci\u00f3n prefabricada o maniquea de los sentires. Al contrario, la fuerza de esa plaza fue la de exhibir una voluntad de profundizaci\u00f3n democr\u00e1tica: una nueva explicitaci\u00f3n de esa potencia activa e intangible, sin traducci\u00f3n lineal, pero poderosa y decisiva que se hace presente en la calle para otorgar o retirar legitimidad a quienes ocupan el sistema pol\u00edtico. Hay quienes llaman a esto espontaneidad. Se trata, creemos, de un efectivo sentido de la urgencia y un decidido ejercicio de la fuerza social.<\/p>\n<p><strong>LA EXCEPCION<\/strong><br \/>Las resonancias y las diferencias con aquella plaza de fines de 2001 son m\u00faltiples aunque no obvias. Si por entonces tambi\u00e9n se desarm\u00f3 la salida represiva ya en marcha (imposici\u00f3n del &#8220;Estado de sitio&#8221; y asesinatos a decenas de manifestantes y militantes en esas jornadas), era evidente que la masiva convocatoria que puso fin a la legitimidad neoliberal adopt\u00f3, en plena crisis, la forma de una destituci\u00f3n salvaje. Sin embargo, aquel movimiento inaugur\u00f3 algo que el kirchnerismo supo advertir desde el comienzo: la excepci\u00f3n como condici\u00f3n de \u00e9poca, como terreno concreto de la pol\u00edtica. Como debilitamiento de la l\u00f3gica republicana-representativa y como imposibilidad de dar por sentada la obediencia a la regla. Como desaf\u00edo que dio lugar a un tratamiento no convencional de la excepci\u00f3n:convivir con ella sin maximizarla pero, al mismo tiempo, sin acabar de conjurarla. La excepci\u00f3n se perpet\u00faa en tanto que la soberan\u00eda del Estado, a\u00fan cuando se habla sin cesar de su vuelta, no es capaz de monopolizar la organizaci\u00f3n del entramado social, territorial, cotidiano, de millones de personas. Ni de dotarla de sentido. La excepci\u00f3n, entonces, como condici\u00f3n de \u00e9poca obliga a una invenci\u00f3n de dispositivos de gobierno de nuevo tipo, lo cual supone incorporar los enunciados y los m\u00e9todos producidos desde abajo en la gesti\u00f3n misma de lo social, habilitando simult\u00e1neamente toda una serie de reconocimientos y de perversiones. As\u00ed, es probable que en la relaci\u00f3n entre momento de apertura y excepci\u00f3n se juegue algo fundamental del orden de la intensidad democr\u00e1tica. Y de la explicitada necesidad de su profundizaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>COMPLEJIDADES<\/strong><br \/>Es imposible dejar de lado el mapa latinoamericano. En aquellos pa\u00edses donde hubo movilizaciones que trastornaron los pilares del sistema de representaci\u00f3n (Venezuela, Ecuador y Bolivia), un mismo tipo de maquinaria pol\u00edtica fue implementada por los gobiernos que le siguieron: una combinatoria de redes extensas y difusas que canalizan y traducen la energ\u00eda popular con mandos expl\u00edcitos y personalizados que concentran la capacidad de decisi\u00f3n e iniciativa. El acierto de estos gobiernos se vincula estrechamente con el hecho de haber reconocido la incompetencia de ciertas estructuras partidarias e institucionales (a\u00fan cuando en los hechos cueste replantear el problema de la organizaci\u00f3n pol\u00edtica en t\u00e9rminos alternativos a la de los partidos pol\u00edticos con imbricaciones en el aparato del estado). Sin embargo, esta incapacidad para construir mecanismos que conf\u00eden plenamente en la democratizaci\u00f3n de las decisiones y de los recursos, los ubica en una posici\u00f3n de perpetua debilidad.<\/p>\n<p>Entre el ejercicio cotidiano de la gesti\u00f3n gubernamental y los impulsos aut\u00f3nomos de organizaci\u00f3n popular no logran gestarse instituciones pol\u00edticas de nuevo tipo. Los intentos se han multiplicado: asambleas constituyentes, pol\u00edticas sociales cuasi universales, partido \u00fanico de la revoluci\u00f3n, transversalidades electorales, concertaciones partidarias; expresiones, todas, de esta tentativa a escala continental de creaci\u00f3n de nuevas din\u00e1micas institucionales.<\/p>\n<p>Pero los resultados son escasos y demasiado ambivalentes. No es casualidad, en este marco, que ese espacio propiamente p\u00fablico donde se dirimen las hegemon\u00edas y se prueban los discursos haya sido ocupado por los medios de comunicaci\u00f3n que disputan palmo a palmo las alternativas de estos procesos.<\/p>\n<p><strong>LAS POLITIZACIONES MAS ALLA DE LA (VUELTA DE LA) POLITICA<\/strong><br \/>Del &#8220;\u00a1Qu\u00e9 se vayan todos!&#8221; de las plazas de fines de 2001 al ejercicio de un reconocimiento popular hacia el actual gobierno (y a la figura de la presidenta en particular) de las plazas de fines de 2010 no hay una inversi\u00f3n literal. Ni, como se insisti\u00f3, un camino sin m\u00e1s de la crisis del sistema pol\u00edtico a su resurrecci\u00f3n. Ni la evidencia gratificante del pasaje del infierno a la salvaci\u00f3n. M\u00e1s bien, ambos momentos pueden leerse como situaciones de alerta social en extremo sensible a los &#8220;signos de cierre&#8221; (signos de cierre provenientes de todas las fracciones ordenancistas con fuerza dentro y fuera del partido de gobierno, que se querr\u00e1n llevar adelante en nombre del bien de todos, con el lenguaje del partido, del sindicato, del estado, de los pobres, de los trabajadores, de la militancia popular, etc.).<\/p>\n<p>De all\u00ed la complejidad de la situaci\u00f3n presente; una situaci\u00f3n en la que conviven, como trama de la apertura, las politizaciones desde abajo (y sus rasgos aut\u00f3nomos) con el llamado &#8220;retorno de la pol\u00edtica&#8221;, entendido como &#8220;retorno del estado&#8221;. Este &#8220;retorno&#8221;, podr\u00eda decirse, tiene el m\u00e9rito indiscutido de actualizar la cuesti\u00f3n de la pol\u00edtica. Sin embargo, corre serios riesgos de hacerlo en t\u00e9rminos de una discursividad que no supera el restablecimiento del orden institucional y sus actores predilectos: partidos, sindicatos, intelectuales. En este sentido, la politizaci\u00f3n (en una perspectiva infrapol\u00edtica) traza una genealog\u00eda propia y trabaja a (cierta y fundamental) distancia de la discursividad institucional, aunque coexistiendo con ella en la tentativa de reorganizar nuevas posibilidades y confrontaciones.<\/p>\n<p><strong>APERTURAS<\/strong><br \/>Nuevas politizaciones, aventuramos, nombra los modos impropios, b\u00e1rbaros, innovadores, de vivir lo p\u00fablico. Da cuenta, en otras palabras, de un campo de experimentaci\u00f3n de lo com\u00fan que insiste en sus rasgos de autonom\u00eda, que se fortalece en su sensibilidad desobediente y que inventa desde abajo otras formas de la organizaci\u00f3n cotidiana. La activaci\u00f3n de esta pluralidad de formas y lenguajes vuelve insuficiente toda tentativa de simplificar esta riqueza al mero encuadramiento. Confiamos en estas nuevas politizaciones como forma de sostener la apertura en t\u00e9rminos de una profundizaci\u00f3n democr\u00e1tica.<\/p>\n<p>Estos modos de politizaci\u00f3n parten menos de una coherencia discursiva y\/o ideol\u00f3gica y m\u00e1s de una serie de luchas (de visibilidad oscilante) que toman como punto de partida las condiciones y los modos de vida. Lucha contra la ampliaci\u00f3n de la frontera sojera y los desplazamientos de los campesinos, luchas contra la precarizaci\u00f3n y tercerizaci\u00f3n del trabajo, lucha contra el uso intensivo y sin control de los llamados recursos naturales, luchas contra el gatillo f\u00e1cil, el racismo y la guetificaci\u00f3n urbana (y contra sus pol\u00edticas de &#8220;seguridad&#8221;), etc.<\/p>\n<p>Es evidente que estas din\u00e1micas de politizaci\u00f3n han variado mucho desde el 2001 a la fecha. Si durante la fase &#8220;destituyente&#8221; los movimientos sociales atacaban al estado neoliberal constituyendo pr\u00e1cticas capaces de confrontar con el estado en \u00e1reas como el control de la moneda (trueque), de la contraviolencia (piquete) y del mando pol\u00edtico sobre diversos territorios (asambleas), una parte de esos mismos movimientos enfrentan el dilema sobre los modos de participar (cu\u00e1ndo y c\u00f3mo) de la nueva gubernamentalidad, expresando as\u00ed uno de los rasgos caracter\u00edsticos de esta nueva fase del estado.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, las formas difusas y permanentes de una cierta movilidad social atraviesan todas estas modalidades. El desborde, como din\u00e1mica de apertura, renueva la autonom\u00eda como premisa y horizonte en el que promover una interlocuci\u00f3n sensible, permeable a diversos problemas que no se agotan en una discursividad &#8220;neo-desarrollista&#8221; (una discursividad, \u00e9sta, tan eficaz como pobre en sus fundamentos: el consumo como sentido primordial de las vidas, la cultura del trabajo como fundamento de la dignidad, los recursos naturales como recursos econ\u00f3micos, el Estado como racionalidad superior, etc.).<\/p>\n<p><strong>DESAFIOS<\/strong><br \/>Coexisten en el pa\u00eds al menos dos din\u00e1micas que organizan territorialidades diferentes. Por un lado, el plano de reconocimiento de derechos de inclusi\u00f3n (que mixturan pol\u00edticas asistenciales con nuevas formas de ciudadan\u00eda) y de consolidaci\u00f3n de conquistas simb\u00f3licas sobre la memoria y la justicia vinculadas a los cr\u00edmenes de la dictadura. En este plano se incluye el axioma que inhibe la represi\u00f3n estatal del conflicto social, una de las conquistas m\u00e1s profundas en lo que hace a las nuevas formas de gobernar en presencia de movimientos y de luchas sociales. Las inconsistencias en la aplicaci\u00f3n de este axioma (asesinatos y aprietes en manos de bandas sindicales que atacan a trabajadores tercerizados, guardias armadas por terratenientes, polic\u00edas provinciales y locales de gatillo f\u00e1cil, as\u00ed como la creciente presencia de la gendarmer\u00eda en villas y barrios) obligan a profundizar y extender su potencia y alcance.<\/p>\n<p>Por el otro, se afirma una tendencia de alcance regional: la reconversi\u00f3n de buena parte de la econom\u00eda a un neo-extractivismo (miner\u00eda, extensi\u00f3n de la frontera de la soja, disputas por el agua, los hidrocarburos y la biodiversidad) que incorpora de manera directa a diversos territorios al mercado mundial y de cuyas actividades surgen los ingresos que sostienen fiscalmente a muchas de las econom\u00edas provinciales y pol\u00edticas sociales, as\u00ed como la imagen de una nueva modalidad de intervenci\u00f3n estatal. Los asesinatos de los pobladores de la comunidad toba en Formosa que se opon\u00edan al desalojo de sus tierras son parte de un modelo de despojo (de la tierra) y desposesi\u00f3n (de recursos) que est\u00e1 en el centro de esta tensi\u00f3n.<\/p>\n<p>La imbricaci\u00f3n de estas dos territorialidades es evidente. Ambas convergen para configurar los rasgos de un patr\u00f3n de concentraci\u00f3n y acumulaci\u00f3n de la riqueza que se articula, en la primera de las din\u00e1micas, con rasgos democr\u00e1ticos y de ampliaci\u00f3n de derechos.<\/p>\n<p>A la polarizaci\u00f3n pol\u00edtica de los \u00faltimos a\u00f1os se le sobreimpone, ahora, un nuevo sistema de simplificaci\u00f3n dual: cada una de estas territorialidades es utilizada para negar la realidad que aporta la otra. O bien se atiende a denuncias en torno a la nueva econom\u00eda neo-extractivista, o bien se da cr\u00e9dito a las din\u00e1micas ligadas a los derechos humanos, la comunicaci\u00f3n, etc. Como si el desaf\u00edo no consistiese, justamente, en articular (y no en enfrentar) lo que cada territorio enuncia como potencial democr\u00e1tico y vital. La riqueza de los procesos actuales se da, al contrario, en la combinaci\u00f3n de los diferentes ritmos y tonos de las politizaciones, abandonando las disyunciones campo-ciudad, interior-capital, etc.., y asumiendo las premisas transversales a las luchas por la reapropiaci\u00f3n de recursos naturales, as\u00ed como de los diferentes procesos de valorizaci\u00f3n de los servicios, de la producci\u00f3n, de las redes sociales como fuentes de la riqueza com\u00fan. Estas combinaciones son las que permiten valorar la calidad inmediatamente pol\u00edtica de las luchas que evidencian la trama colonial y racista en la redistribuci\u00f3n excluyente de poder territorial, jur\u00eddico y simb\u00f3licos en villas y haciendas, en talleres y barrios que se extiende a los lugares de trabajo bajo el modo de contrataci\u00f3n en blanco y en negro, estables y precarizados, etc.<\/p>\n<p>La politicidad emergente resulta casi imperceptible en su materialidad si no se asume la complejidad de esta trama, si no se crean los espacios concretos de articulaci\u00f3n de esta variedad de experiencias. Y su radicalidad es inseparable de la exigencia de elaborar para cada una de estas situaciones un sentido preciso de lo que significa la din\u00e1mica de desborde y apertura que se juega en cada momento.<\/p>\n<p>Colectivo Situaciones<br \/>Buenos Aires, 6 de diciembre de 2010<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.tintalimon.com.ar\/blog\/De-aperturas-y-nuevas-politizaciones-por-Colectivo-Situaciones\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">http:\/\/www.tintalimon.com.ar\/blog\/De-aperturas-y-nuevas-politizaciones-por-Colectivo-Situaciones<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Coexisten en el pa\u00eds al menos dos din\u00e1micas que organizan territorialidades diferentes. 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