{"id":1253,"date":"2011-01-07T18:59:47","date_gmt":"2011-01-07T18:59:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www2.nasaacin.org\/index.php\/2011\/01\/07\/diez-anos-de-impunidad-destierro-y-violencia\/"},"modified":"2011-01-07T18:59:47","modified_gmt":"2011-01-07T18:59:47","slug":"diez-anos-de-impunidad-destierro-y-violencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tejidohistorico.afrodescendientes.com\/index.php\/2011\/01\/07\/diez-anos-de-impunidad-destierro-y-violencia\/","title":{"rendered":"Diez a\u00f1os de impunidad, destierro y violencia"},"content":{"rendered":"<\/p>\n<p>El \u00faltimo rastro de la masacre del Naya.\u00a0Al parecer ni siquiera la extradici\u00f3n de los jefes paramilitares a los Estados Unidos fue suficiente para dejar en la impunidad la masacre del Naya. El terror y la violencia siguen reinando.\u00a0La sangrienta incursi\u00f3n paramilitar que le cobr\u00f3 la vida a por lo menos 110 campesinos, en abril de 2001, conocida como la masacre del Naya.<\/p>\n<p>  <!--more-->  <\/p>\n<p>Cuando Licinia se enter\u00f3 de que los paramilitares iban a entrar al Naya, ella nunca lo crey\u00f3. Pens\u00f3 que la espesa selva los proteger\u00eda a ella y a su familia, y que el miedo de perderse en las inmensidades del Pac\u00edfico era m\u00e1s poderoso que el mismo deseo de dominar las minas de oro de la regi\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero la espera para que eso ocurriera no fue demasiada. El hermetismo de los paramilitares aceler\u00f3 la arremetida, como una estrategia contundente y m\u00e1s fuerte que la propia malicia ind\u00edgena de Licinia.<\/p>\n<p>\u201cEst\u00e1bamos ah\u00ed agachados, si levant\u00e1bamos la cabeza dec\u00eda que nos mataba. Est\u00e1bamos muy asustados. Pero como la casa era de esterilla y ten\u00eda huequitos, desde ah\u00ed pude mirar un poco para afuera lo que estaban haciendo. Escuchaba sonar la motosierra y los gritos de Daniel Su\u00e1rez con su esposa, Blanca Flor Ris\u00fa, y los de sus primos Gonzalo Osorio y Humberto, que fueron asesinados, como lo hicieron con mi esposo horas m\u00e1s tarde\u201d. Esto recuerda Licinia Collazos de ese 11 de abril de 2001, cuando los paramilitares llegaron a Patio Bonito y masacraron a cinco campesinos frente al restaurante donde ella trabajaba. Con voz entrecortada, como si su garganta hiciera g\u00e1rgaras de l\u00e1grimas, cuenta que ni siquiera pudo guardarle duelo a su esposo.<\/p>\n<p>Muchos ni\u00f1os que en ese entonces ten\u00edan alrededor de los 10 a\u00f1os, hoy recuerdan c\u00f3mo al pasar por el camino real en busca de la salida hacia Santander de Quilichao o Timba, ten\u00edan que saltar los muertos, algunos de ellos sus familiares. Pasaban mirando c\u00f3mo las mulas se llevaban entre sus herraduras la carne del cad\u00e1ver descompuesto.<\/p>\n<p>Cuando llegaron a la casa de Saul Dagua, ya en los adentros del Naya, el comandante de m\u00e1s de 300 paramilitares le dijo a Javier, un ni\u00f1o de 9 a\u00f1os que miraba con enojo y confusi\u00f3n lo que estaba pasando: \u201cPelao, vaya d\u00edgale a la gente que baje aqu\u00ed a la reuni\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>\u201cEl ni\u00f1ito se fue corriendo y no s\u00e9 c\u00f3mo se encontr\u00f3 a Luis \u00d3mar, un compa\u00f1ero afrodescendiente que recibi\u00f3 la noticia\u201d, cuenta Enrique Fern\u00e1ndez, v\u00edctima de la masacre del Naya. Al regreso Javier hab\u00eda cumplido con el mandado, sin embargo, s\u00f3lo Luis \u00d3mar lleg\u00f3 a lo que ser\u00eda su \u00faltima cita. Varios paramilitares le solicitaron una c\u00e9dula que nunca carg\u00f3 con \u00e9l, en una regi\u00f3n olvidada por el Estado. En una zona donde las escuelas fueron la tierra, el azad\u00f3n y la marimba. \u201cNo la tengo\u201d, dijo el negro. Esas fueron sus \u00faltimas palabras, hasta que varios paramilitares sacaron sus machetes y descargaron con toda su fuerza el filo de esta arma sobre su humanidad. El cuerpo inerte fue cayendo lentamente sobre la \u00e1spera tierra que se trag\u00f3 la sangre, y casi sobre los pies de Javier, que mir\u00f3 con impotencia c\u00f3mo este afrodescendiente muri\u00f3 siendo un esclavo de la guerra.<\/p>\n<p>Una situaci\u00f3n similar vivieron muchas familias durante los d\u00edas en que las tropas de las Auc se demoraron en atravesar el Naya hasta llegar a El Saltillo, en donde se embarcaron en lanchas que les quitaron a los negros, y junto a las que muchos de ellos murieron ahogados m\u00e1s adelante, como un castigo del propio r\u00edo Naya.<\/p>\n<p>En el Naya las monta\u00f1as mantienen su verde vital, imponentes sobre la vasta selva del Pac\u00edfico colombiano en las estribaciones de la cordillera occidental. En ellas miles de campesinos, ind\u00edgenas y afrodescendientes, y los r\u00edos Naya y Cauca, han sido testigos de la sangre derramada por muchos colonos. L\u00f3pez de Micay, Su\u00e1rez y Buenos Aires, Cauca, son la cabecera de esta regi\u00f3n que se extiende hasta Buenaventura, Valle, el principal puerto mar\u00edtimo del pa\u00eds. A sus alrededores hay mucho oro, agua, carb\u00f3n y madera, pero tambi\u00e9n muchos fusiles que apuntan desde las monta\u00f1as habitadas por guerrilleros, paramilitares y soldados.<\/p>\n<p>Casi 10 a\u00f1os despu\u00e9s de la masacre, los pobladores a\u00fan no salen del asombro de la barbarie cometida contra las comunidades del Naya. A\u00fan persiste la violencia f\u00edsica y psicol\u00f3gica que algunos grupos armados se han encargado de perpetuar. Todav\u00eda la comunidad vive en la zozobra de lo que pasar\u00e1 con sus tierras en el pleito entre la Universidad del Cauca y el Incoder, quienes luchan por la propiedad de los predios en donde viven estas familias. La comunidad del Naya y su tragedia a\u00fan siguen vigentes en medio de los desplazados de este pa\u00eds. De las m\u00e1s de cinco mil personas que fueron expulsadas de su territorio en 2001, apenas trescientas de ellas han sido reubicadas en el resguardo de Kitek Kiwe, muchas han retornado al Naya y otras viven en la miseria en municipios de Cauca y Valle.<\/p>\n<p>Conforme a este panorama, lo cierto es que la pugna por el territorio a\u00fan contin\u00faa. Despu\u00e9s de la masacre han asesinado a muchos l\u00edderes de esta zona, unos en medio de las minas de oro, y otros por la defensa de los Derechos Humanos de las comunidades del Naya. Tal fue el caso de \u00c1lex Quintero y varios l\u00edderes asesinados en 2010.<\/p>\n<p><strong>La incursi\u00f3n de las Auc al Naya<\/strong><\/p>\n<p>Era 11 de abril de 2001, lleg\u00f3 la Semana Santa y con ella m\u00e1s de 300 paramilitares de las Auc bloque Calima, que incursionaron por Timba, Cauca. Al mando del ex paramilitar H\u00e9bert Veloza, alias H.H., fueron penetrando el camino real hacia el Naya, y masacrando a m\u00e1s de 46 campesinos, ind\u00edgenas y afrodescendientes, seg\u00fan la comunidad desplazada del resguardo Kitek Kiwe. En la versi\u00f3n libre este ex jefe paramilitar dijo que fueron 24, mientras el Ej\u00e9rcito apenas reconoci\u00f3 20, seg\u00fan informe de su p\u00e1gina oficial.<\/p>\n<p>A ra\u00edz de la masacre, 17 personas se desplazaron desde Cerro Azul, donde viv\u00eda Licinia, hacia Santander de Quilichao. Al d\u00eda siguiente, aproximadamente cinco mil personas salieron a pie desde el Alto y Bajo Naya en la b\u00fasqueda de Timba, Buenos Aires y Santander, huyendo del terror que los paramilitares hab\u00edan sembrado a lo largo del camino. \u201cAntes de subirme al carro, dej\u00e9 sacando las gallinas, ech\u00e1ndoles comidita \u2014suspira Licinia\u2014 porque en mi mente pasaba a\u00fan la idea de regresar alg\u00fan d\u00eda a mi tierra natal\u201d.<\/p>\n<p>Exactamente un a\u00f1o despu\u00e9s de la masacre, las Farc secuestraron en la Asamblea del Valle a 12 diputados de este departamento, y la comunidad del Alto y Bajo Naya se declar\u00f3 en peligro, temiendo que los paramilitares volvieran a tomar represalias como lo hab\u00edan hecho en abril de 2001, a ra\u00edz del secuestro masivo del Eln en la iglesia de la Mar\u00eda de Cali. Pero, aunque no se repiti\u00f3 este episodio de violencia paramilitar, una masacre continuada y silenciosa que a\u00fan no se detiene borra selectivamente rastros de aquella matanza cometida en el Naya y sigue sembrando el terror en la regi\u00f3n.<\/p>\n<p>En lo que va corrido de 2010, en esta zona se han registrado 21 asesinatos entre campesinos, afrocolombianos e ind\u00edgenas, seg\u00fan un informe de la Red por la Vida y los Derechos Humanos del Cauca.<\/p>\n<p>En marzo de 2010, Juan Jos\u00e9 Fern\u00e1ndez Mera, alcalde de Santander de Quilichao, denunci\u00f3 p\u00fablicamente en un Consejo de Seguridad Regional amenazas contra campesinos que viven en la zona comprendida entre Timba y Su\u00e1rez, Cauca. \u201cEst\u00e1n buscando presionarlos para que abandonen sus tierras\u201d, dijo el mandatario en ese entonces.<\/p>\n<p>Meses antes hab\u00edan asesinado a siete l\u00edderes pertenecientes a organizaciones sociales entre los municipios de Guapi y L\u00f3pez de Micay. Algunos de esos casos fueron los asesinatos del profesor Jos\u00e9 F\u00e9lix Orjuela y Milton Grueso Torres, ambos integrantes de la Coordinaci\u00f3n de Consejos Comunitarios de la Costa Pac\u00edfica Caucana (Cococauca), quienes fueron ultimados a tiros entre el 21 y el 22 de enero.<\/p>\n<p>\u201cOro, violencia y muerte en Su\u00e1rez, Cauca\u201d titula la revista Semana el jueves 8 de abril, haciendo alusi\u00f3n a la muerte de ocho mineros en el corregimiento la Toma, Municipio de Su\u00e1rez, Cauca. \u201cQuer\u00edan instalarse cerca a la orilla del r\u00edo Oveja para extraer oro cuando aparecieron tres hombres armados, les dijeron que no pod\u00edan estar all\u00ed y dispararon, expres\u00f3 el \u00fanico sobreviviente\u201d, public\u00f3 la revista Semana un d\u00eda despu\u00e9s de la masacre.<\/p>\n<p>El pasado 24 de julio, Alex\u00e1nder Ciro Galvis, Jos\u00e9 Wilson Ospina y Adolfo Le\u00f3n Ospina Berm\u00fadez fueron asesinados por un grupo de hombres que les dispararon en repetidas ocasiones. Estos homicidios se cometieron en la vereda El Ceral, corregimiento de Timba, municipio de Buenos Aires, seg\u00fan el informe de la Red por la Vida y los Derechos Humanos del Cauca.<\/p>\n<p><strong>La historia que revive<\/strong><\/p>\n<p>El herm\u00e9tico silencio de campesinos, ind\u00edgenas y afros evidencia el terror que dejaron sembrado los paramilitares en 2001. La amenaza constante de que volver\u00e1n se ha convertido en el tormento eterno de los pobladores, y en el arma de quienes se aprovechan de ese silencio. \u201cAuc mata que Dios perdona\u201d, se le\u00eda hasta hace algunos meses en las paredes de la regi\u00f3n del Naya.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Mauricio Redondo, coordinador del Sistema de Alertas Tempranas de la Defensor\u00eda del Pueblo, actualmente en el Departamento del Cauca hay 18 municipios con informe de riesgo ante el CIAT (Comit\u00e9 Interinstitucional de Alertas Tempranas) adscrito a la Presidencia de la Rep\u00fablica. El CIAT este a\u00f1o elev\u00f3 a 14 de estos municipios a la categor\u00eda de alerta temprana. Entre estas poblaciones est\u00e1 Buenos Aires, municipio desde donde ejerci\u00f3 su liderazgo el se\u00f1or \u00c1lex Quintero.<\/p>\n<p>El informe de riesgo de Buenos Aires fue emitido oficialmente por la Defensor\u00eda del Pueblo en el a\u00f1o 2006 a trav\u00e9s del documento n\u00famero 034, en el que se le solicit\u00f3 a la CIAT elevarlo a la categor\u00eda de alerta temprana. En peligro inminente se encontraban los l\u00edderes y dem\u00e1s pobladores que estaban denunciando los hechos ocurridos en la masacre de 2001, as\u00ed como la comunidad minera que lidiaba con las multinacionales una constante lucha por el usufructo del metal.<\/p>\n<p>En medio de este panorama, \u00c1lex Quintero regres\u00f3 al Play\u00f3n Naya despu\u00e9s del desplazamiento de 2001. Esta vez no tras el oro, sino buscando algo m\u00e1s valioso: la verdad. Desde ah\u00ed denunci\u00f3 a los autores de la masacre y en varias ocasiones revel\u00f3 nombres de los responsables de la incursi\u00f3n paramilitar a esta regi\u00f3n.<\/p>\n<p>Enrique Fern\u00e1ndez, l\u00edder comunitario y v\u00edctima de la masacre, cuenta que \u00c1lex Quintero denunci\u00f3 p\u00fablicamente al ex gobernador del Cauca Juan Jos\u00e9 Chaux, actualmente sindicado por parapol\u00edtica y al general retirado Francisco Ren\u00e9 Pedraza Pel\u00e1ez, ex comandante de la Tercera Brigada del Ej\u00e9rcito con sede en Cauca y capturado por la Fiscal\u00eda General de la Naci\u00f3n en septiembre de 2009 por nexos con los paramilitares del bloque Calima. Seg\u00fan el testimonio de Fern\u00e1ndez, Quintero denunci\u00f3 abiertamente al comandante del Batall\u00f3n Pichincha, Tony Vargas. Igualmente habl\u00f3 con nombres propios de los due\u00f1os del Ingenio Incauca y Manuelita y del comandante de Polic\u00eda de Santander de Quilichao conocido como el \u201cMayor Navarro\u201d, a quien, seg\u00fan los paramilitares, \u201cle pagaban cinco millones de pesos para que les dejara movilizar las tropas en el casco urbano. Por eso era que cuando un comerciante iba a un dep\u00f3sito a comprar, ah\u00ed estaba el paramilitar pidiendo el impuesto\u201d, dice Enrique Fern\u00e1ndez.<\/p>\n<p>De acuerdo con la \u00faltima nota de seguimiento del informe de riesgo del municipio de Buenos Aires, que fue elevado a alerta temprana apenas el a\u00f1o pasado, uno de los sectores en peligro inminente en esta zona era el liderazgo. \u201cEl 22 de octubre de 2009, a trav\u00e9s de fax enviado a la oficina de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) del Valle del Cauca, se recibi\u00f3 amenazas firmadas por \u00c1guilas Negras Nueva Generaci\u00f3n, declarando objetivo militar a las siguientes organizaciones: la CUT, en la cual trabajaba \u00c1lex Quintero; Proceso de Comunidades Negras (PCN), en el que tambi\u00e9n era parte Quintero, Consejo Comunitario de La Toma Municipio de Su\u00e1rez y a los l\u00edderes: Isipel Ara, l\u00edder minero de Su\u00e1rez; \u00c9dgar Villegas, defensor de Derechos Humanos CUT; Jos\u00e9 Golles, del Consejo Regional del Cauca, (CRIC) y Gildardo Sandoval, miembro de la Asociaci\u00f3n de Derechos Humanos Siglo XXI de Buenos Aires, Cauca, a quienes acusaron de ser defensores de la guerrilla y no permitir el acceso de las multinacionales a la regi\u00f3n, obstaculizando el desarrollo\u201d. Estos son algunos apartes del informe que reposa en la Defensor\u00eda del Pueblo de Popay\u00e1n.<\/p>\n<p>\u00c1lex Quintero, pieza clave en las investigaciones de la masacre, fue objeto directo de un atentado en 2009, situaci\u00f3n que lo hizo ausentarse por 15 d\u00edas de la presidencia de las Juntas de Acci\u00f3n Comunal del Alto Naya. Sin embargo, m\u00e1s pudo su deseo de ayudar a la comunidad y despu\u00e9s de este tiempo regres\u00f3 a su labor como defensor de los Derechos Humanos.<\/p>\n<p>Veinte d\u00edas antes de su asesinato, el mismo Enrique Fern\u00e1ndez es el encargado de solicitar protecci\u00f3n para Quintero, ante la Polic\u00eda de Justicia y Paz de Popay\u00e1n. Sin embargo, el llamado no fue atendido y el 23 de mayo de 2010 el l\u00edder fue asesinado en confusos hechos mientras caminaba junto a su esposa y su hija en Santander de Quilichao. Aquel domingo se revivi\u00f3 el episodio de dolor de la masacre del Naya.<\/p>\n<p><strong>El problema de la propiedad<\/strong><\/p>\n<p>Aunque la posesi\u00f3n ancestral de las tierras del Naya por parte de los campesinos, ind\u00edgenas y afrocolombianos es indiscutible, no existe un reconocimiento legal de la propiedad en la que viven estas comunidades. A la masacre, el desplazamiento y el olvido del Estado a la regi\u00f3n del Naya, se le sum\u00f3 el eterno problema de la legalidad de los predios que ellos habitan, y que seg\u00fan la Universidad del Cauca le pertenecen a esa instituci\u00f3n.<\/p>\n<p>La Universidad del Cauca y el Incoder (Instituto Colombiano de Desarrollo Rural) hoy protagonizan una pugna jur\u00eddica ante el Consejo de Estado, en donde la Universidad reclama ser propietaria de las 197.000 hect\u00e1reas que conforman toda la regi\u00f3n del Naya, mientras el Incoder argumenta que son 97.000 las hect\u00e1reas que le pertenecen, y se mantiene firme en el proceso de extinci\u00f3n del derecho de dominio que realiz\u00f3 la Unidad de Tierras Rurales (Unat) el pasado 21 de julio de 2008, a trav\u00e9s de la resoluci\u00f3n 829, en la cual se declar\u00f3 el derecho y dominio de estas tierras a favor del Estado.<\/p>\n<p>Lo cierto de este asunto es que desde 1999, el Consejo Comunitario de la Cuenca del R\u00edo Naya, le solicit\u00f3 al extinto Incora la titulaci\u00f3n colectiva de las tierras que ocupaban las comunidades de esta regi\u00f3n, solicitud que empez\u00f3 a dar tr\u00e1mite esta entidad. A la par la Universidad reclam\u00f3 en 2003 su derecho a la propiedad privada, seg\u00fan documentos que as\u00ed lo prueban y que datan de 1827 cuando Sim\u00f3n Bol\u00edvar y Francisco de Paula Santander, en sus calidades de presidente y vicepresidente, le entregaron a esta instituci\u00f3n los predios de la regi\u00f3n para la explotaci\u00f3n minera.<\/p>\n<p>As\u00ed las cosas, ninguno de los dos quiere ceder. Es por eso que la Universidad, a trav\u00e9s de su asesor jur\u00eddico, Luis Felipe Rebolledo, interpuso ante el Consejo de Estado una acci\u00f3n de revisi\u00f3n, con la que pretende desvirtuar el proceso de extinci\u00f3n de dominio y lograr que las tierras sean reconocidas definitivamente como propiedad de la Universidad.<\/p>\n<p>Si esto ocurre, seg\u00fan Rebolledo, la Universidad estar\u00eda dispuesta a negociar con el Estado para venderle tales predios, con el fin de que \u00e9stos a su vez sean entregados a las comunidades. Sin embargo, la posici\u00f3n del director del Incoder Cauca, Jos\u00e9 Luis Valencia, es que los predios no le pertenecen a la Universidad, alegando que su derecho de due\u00f1o fue ejercido de manera precaria y espor\u00e1dica y que por tanto esas tierras deben ser tituladas colectivamente a las comunidades.<\/p>\n<p>Esta pugna, que se vuelve a activar despu\u00e9s de 2001, deja en la incertidumbre a 3.780 familias asentadas en la cuenca, a 2.647 personas de la comunidad ind\u00edgena P\u00e1ez y al resguardo ind\u00edgena de Joaquincito, en la parte baja del r\u00edo Micay, quienes conforman la regi\u00f3n Naya y hoy ocupan el vasto territorio en disputa.<\/p>\n<p><strong> La Tierra Floreciente<\/strong><\/p>\n<p>Kitek Kiwe, \u2018la tierra floreciente\u2019, brilla no de oro sino de sonrisas de ni\u00f1os que juegan en bicicletas por el \u00fanico camino que hoy los comunica con la ciudad. Kitek Kiwe significa \u2018tierra floreciente\u2019. Es un resguardo. Un suburbio que se esconde de la guerra, aunque \u00e9sta no se haya ausentado ni por un minuto desde que dejaron su \u201combligo\u201d para ser adoptados por el municipio de Timb\u00edo, cuya cabecera urbana est\u00e1 ubicada a 15 kil\u00f3metros de Popay\u00e1n, capital del Departamento del Cauca.<\/p>\n<p>\u201cEl 11 de abril de 2004 llegaron todas las familias, era el d\u00eda del aniversario. Nadie se quiso quedar, yo s\u00ed ten\u00eda que quedarme cuid\u00e1ndole el chivito a los que se vinieron\u201d, cuenta Licinia con un poco de felicidad, desde la finca La Laguna, lugar donde se asienta Kitek Kiwe, su nuevo hogar. En esas 289 hect\u00e1reas vive hoy junto a su nuevo compa\u00f1ero y 70 familias m\u00e1s, las \u00fanicas reubicadas despu\u00e9s del desplazamiento masivo de 2001. Sin embargo, m\u00e1s del 80% de sus paisanos han regresado a sus territorios, aunque otras familias a\u00fan est\u00e1n a la deriva en municipios como Santander de Quilichao, Buenos Aires y Cali, muchas de ellas pagando arriendo y a la espera de la vivienda digna que el Estado les prometi\u00f3.<\/p>\n<p>Este a\u00f1o la masacre del Naya cumplir\u00e1 una d\u00e9cada de dolor, injusticia y destierro. Y el resguardo Kitek Kiwe, el lugar que surgi\u00f3 despu\u00e9s del desplazamiento del Naya, y de la dura lucha con el Estado por una vivienda digna, celebrar\u00e1 siete a\u00f1os de ser la tierra floreciente de algunos campesinos, ind\u00edgenas y afrocolombianos desterrados.<\/p>\n<p>A\u00fan as\u00ed, los pobladores del Naya \u2014los que han vuelto y los desterrados, e incluso los que nunca se marcharon\u2014 siguen esperando que su tierra ancestral alg\u00fan d\u00eda vuelva a florecer, para que se marchiten los rastros de la guerra y para dejar sepultado el dolor que a\u00fan los embarga.<\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: 'Times New Roman'; line-height: normal; font-size: 10px;\"> <\/span><\/p>\n<h5 style=\"margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 5px; margin-left: 0px; font: normal normal normal 11px\/normal Arial, Helvetica, sans-serif; padding: 0px;\">Por: Edinson Arley Bola\u00f1os<\/h5>\n<p>\u00a0<\/p>\n<div><a href=\"http:\/\/www.elespectador.com\/impreso\/judicial\/articulo-243667-el-ultimo-rastro-de-masacre-del-naya\">http:\/\/www.elespectador.com\/impreso\/judicial\/articulo-243667-el-ultimo-rastro-de-masacre-del-naya<\/a><\/div>\n<p>\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El \u00faltimo rastro de la masacre del Naya.\u00a0Al parecer ni siquiera la extradici\u00f3n de los jefes paramilitares a los Estados Unidos fue suficiente para dejar en la impunidad la masacre del Naya. 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