{"id":3169,"date":"2012-01-23T15:22:50","date_gmt":"2012-01-23T15:22:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www2.nasaacin.org\/index.php\/2012\/01\/23\/territorio-en-guerra\/"},"modified":"2012-01-23T15:22:50","modified_gmt":"2012-01-23T15:22:50","slug":"territorio-en-guerra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tejidohistorico.afrodescendientes.com\/index.php\/2012\/01\/23\/territorio-en-guerra\/","title":{"rendered":"Territorio en guerra"},"content":{"rendered":"<p \/>La historia de c\u00f3mo los terrenos ancestrales de los ind\u00edgenas aw\u00e1 de Nari\u00f1o se transformaron en un campo de batalla. Seg\u00fan cifras del Gobierno, entre 2000 y 2005 se registraron 71 combates entre el Ej\u00e9rcito y la guerrilla, 112 hechos violentos y cinco masacres en Nari\u00f1o.   <!--more-->  <br \/>Antes, los aw\u00e1s viv\u00edan sin mayores dificultades en su territorio, al sur de Nari\u00f1o, en las selvas de la frontera con Ecuador. \u201cNos manten\u00edamos de la tierra\u201d, dice la l\u00edder Mar\u00eda Mar\u00edn, de 56 a\u00f1os, \u201csembr\u00e1bamos el pl\u00e1tano, la yuca, y cri\u00e1bamos las gallinitas\u201d. Los ni\u00f1os, recuerda el docente Rider Pai, de 36 a\u00f1os, \u201cnos \u00edbamos a volar guanderas, es decir, a columpiarnos de los bejucos de los \u00e1rboles para zambullirnos en el r\u00edo Telemb\u00ed\u201d. Otras veces caminaban con sus padres por la selva para revisar las trampas de coger puyosos, o para aprender a cazar el guat\u00edn y a pescar la gua\u00f1a. En las noches, todos se reun\u00edan en sus ranchos de chonta con techo de bijao, y acostados en las hamacas alrededor del fog\u00f3n escuchaban las historias que contaban los mayores sobre c\u00f3mo los esp\u00edritus castigaban a quienes comet\u00edan faltas.<\/p>\n<p>Claro est\u00e1 que exist\u00eda un problema. \u201cNunca\u201d, afirma el exdirigente Rolando Cantincuz, \u201cllegaron los ministerios a crear hospitales para erradicar las enfermedades, o escuelas para fortalecer la educaci\u00f3n, o v\u00edas para salir del atraso\u201d. Este abandono estatal y la espesa geograf\u00eda de la selva facilitaron el establecimiento de la guerrilla en los a\u00f1os ochenta. Apareci\u00f3 as\u00ed un segundo problema: la guerrilla impuso una nueva autoridad que suplant\u00f3 a los esp\u00edritus. \u201cSi una gallina se com\u00eda un chapul donde el vecino\u201d, cuenta Mar\u00eda Mar\u00edn, \u201cese vecino se quejaba con la guerrilla para que obligara a devolver ese chapul: era como si tuvi\u00e9ramos un nuevo dios chiquito\u201d.<\/p>\n<p>A inicio de los a\u00f1os noventa apareci\u00f3 un tercer problema: empresarios invadieron partes del territorio para cultivar palma aceitera. Los ind\u00edgenas, entonces, interrumpieron sus actividades cotidianas para asistir a asambleas en las que buscaban soluciones a sus problemas. Fue as\u00ed como en junio de 1990 crearon la Unidad Ind\u00edgena del Pueblo Aw\u00e1, Unipa, y en febrero de 1992 el Cabildo Mayor Aw\u00e1 de Ricaurte, Camawari, dos organizaciones que les generaron la esperanza de librarse de guerrilleros y palmicultores para conseguir la atenci\u00f3n estatal que requer\u00edan.<\/p>\n<p>Sin embargo, en 2000 apareci\u00f3 un nuevo problema que empeor\u00f3 todo. La presi\u00f3n del Gobierno en Putumayo, a trav\u00e9s del Plan Colombia, hizo que los cultivos de coca se desplazaran a Nari\u00f1o. Los narcotraficantes, para rematar, llegaron al territorio ind\u00edgena acompa\u00f1ados por el bloque Libertadores del Sur de las Auc.<\/p>\n<p>Guillermo P\u00e9rez Alzate, alias Pablo Sevillano, condenado a 17 a\u00f1os de c\u00e1rcel en Estados Unidos, les cont\u00f3 a los jueces de Florida c\u00f3mo dirigi\u00f3 a los 60 paramilitares que, armados con fusiles AK-47, recorrieron en seis veh\u00edculos un sector del territorio ind\u00edgena y asesinaron a once supuestos colaboradores de la guerrilla. Tambi\u00e9n les relat\u00f3 que cuatro meses despu\u00e9s, en marzo de 2001, repitieron el recorrido y asesinaron a quienes ten\u00edan marcas de haber cargado un fusil. En sus declaraciones revel\u00f3, adem\u00e1s, que recibi\u00f3 ayuda del Ej\u00e9rcito: en 2002, en el batall\u00f3n Boyac\u00e1, de Pasto, tres suboficiales le entregaron a dos guerrilleros para que los asesinara; y un a\u00f1o despu\u00e9s, en diciembre de 2003, tortur\u00f3 y asesin\u00f3 a dos personas en Llorente, mientras era resguardado por los veh\u00edculos blindados cascabel y urut\u00fa del Ej\u00e9rcito.<\/p>\n<p>La guerrilla, frente al ataque de los paramilitares y del Ej\u00e9rcito, puso sus ojos en los aw\u00e1s. \u00c1lvaro Vallejo, defensor del pueblo de Nari\u00f1o, cuenta que muchos j\u00f3venes fueron reclutados forzadamente. Mar\u00eda Mar\u00edn considera que en realidad fueron enga\u00f1ados: \u201cLa guerrilla los convenci\u00f3 con un mercadito\u201d. En cambio, Guillermo Nastacuaz, de 56 a\u00f1os, l\u00edder del resguardo Inda Sabaleta, recuerda que a su sobrino \u201clo conquistaron porque era falto de experiencia y se fascin\u00f3 con la idea de coger un arma\u201d. Dos meses despu\u00e9s, los guerrilleros botaron su cad\u00e1ver en una calle de la poblaci\u00f3n: lo hab\u00edan fusilado por intentar desertar.<\/p>\n<p>Un diagn\u00f3stico del Programa Presidencial de Derechos Humanos indica que en esos primeros a\u00f1os de guerra, desde 2000 hasta 2005, hubo 71 combates entre el Ej\u00e9rcito y la guerrilla, 112 hechos violentos de los grupos armados, 84 secuestros y cinco masacres. Tumaco alcanz\u00f3 la tasa de homicidios de 137,9 por cada 100 mil habitantes, cuando el promedio nacional era de 22, y Cumbitara multiplic\u00f3 por 600 el promedio anual de personas asesinadas. As\u00ed mismo, los cultivos de coca se expandieron tanto que en 2005 exist\u00edan m\u00e1s de 50 mil hect\u00e1reas sembradas en Nari\u00f1o. El narcotr\u00e1fico hab\u00eda hecho que Llorente pasara en pocos a\u00f1os de 1.500 habitantes a 30 mil. La vida en todo el territorio aw\u00e1 hab\u00eda cambiado.<\/p>\n<p>Por esa \u00e9poca, el ind\u00edgena Humberto V\u00e1squez, de 34 a\u00f1os, lleg\u00f3 a su resguardo, Inda Sabaleta, despu\u00e9s de varios a\u00f1os de ausencia, y casi no lo reconoci\u00f3. El desolado caser\u00edo que hab\u00eda dejado estaba convertido en una Babilonia. En la calle principal hab\u00eda un sitio de diversi\u00f3n donde centenares de personas, luciendo costosos relojes y cadenas de oro, jugaban billar, bailaban, se emborrachaban con Buchanan\u2019s y fornicaban en las piscinas con las prostitutas tra\u00eddas desde Cali. \u201cEntonces\u201d, cuenta Humberto V\u00e1squez, \u201cyo mir\u00e9 esa vida tan buena y dije: pues lo mejor es ponerse a sembrar coca, \u00bfno?\u201d.<\/p>\n<p>Durante un a\u00f1o protegi\u00f3 las plantas contra las fumigaciones a\u00e9reas, para luego arrancarles las hojas y procesarlas hasta obtener la base de coca\u00edna. Su sueldo mensual era de cuatro millones de pesos, cifra diez veces superior al salario m\u00ednimo legal de aquel entonces. Sin embargo, no disfrutaba lo que ganaba: viv\u00eda tan angustiado que pasaba las noches enteras sin poder dormir. \u201cEs que no sab\u00eda en qu\u00e9 momento me iban a matar\u201d, recuerda, \u201cporque hasta mi propia gente aw\u00e1 andaba armada y matar al otro no val\u00eda nada\u201d.<\/p>\n<p>Pero su vida cambi\u00f3 cuando su padre le dijo que los verdaderos aw\u00e1s no pensaban en el dinero sino en la tierra, \u201cas\u00ed que ya no perteneces a nuestra cultura\u201d. Las palabras del viejo lo afectaron tanto que a partir de ese momento se retir\u00f3 del narcotr\u00e1fico y se vincul\u00f3 a la Unipa como integrante de la guardia ind\u00edgena. Otros tomaron la misma decisi\u00f3n, tal vez contribuyendo a ese cambio que todos anhelaban con la anunciada desmovilizaci\u00f3n de los paramilitares.<\/p>\n<p>Efectivamente, el 30 de julio de 2005, en Taminango, Pablo Sevillano se entreg\u00f3 a las autoridades junto con 677 hombres que ten\u00eda reclutados. \u201c\u00c9sta es una de las desmovilizaciones en las que se han entregado m\u00e1s armas\u201d, indica un informe de la Fundaci\u00f3n Seguridad y Democracia, \u201ccon 595 armas de corto y largo alcance; 88 granadas de 60 mm, 293 granadas de 40 mm, 120 granadas de mano, 37 granadas para fusil y 1 granada de humo\u201d.<\/p>\n<p>Pese al arsenal entregado, el defensor del pueblo considera que \u201chubo paramilitares que siguieron operando\u201d. Fabio Trujillo, exsecretario de Gobierno departamental, opina lo mismo, \u201cporque hubo sitios donde la l\u00ednea de combate s\u00ed se movi\u00f3 y sitios donde no se movi\u00f3\u201d. El ind\u00edgena Jaime Caicedo Guanga, director de la Reserva La Planada, va m\u00e1s all\u00e1: \u201cLa desmovilizaci\u00f3n fue una fachada para que el paramilitarismo retomara fuerzas con mayor protecci\u00f3n del Estado\u201d. De hecho, un reportaje de la revista Semana, titulado \u201cLos rastros de un cad\u00e1ver\u201d, asegura que en Nari\u00f1o, despu\u00e9s de la desmovilizaci\u00f3n, \u201cel n\u00famero de paramilitares se multiplic\u00f3 por tres\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Edison Avalos <\/strong>\/ Especial para El Espectador | Elespectador.com<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.elespectador.com\/impreso\/nacional\/articulo-322377-territorio-guerra\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">http:\/\/www.elespectador.com\/impreso\/nacional\/articulo-322377-territorio-guerra<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La historia de c\u00f3mo los terrenos ancestrales de los ind\u00edgenas aw\u00e1 de Nari\u00f1o se transformaron en un campo de batalla. 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