{"id":4116,"date":"2012-07-09T23:53:31","date_gmt":"2012-07-09T23:53:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www2.nasaacin.org\/index.php\/2012\/07\/09\/ocultar-la-muerte\/"},"modified":"2012-07-09T23:53:31","modified_gmt":"2012-07-09T23:53:31","slug":"ocultar-la-muerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tejidohistorico.afrodescendientes.com\/index.php\/2012\/07\/09\/ocultar-la-muerte\/","title":{"rendered":"Ocultar la muerte"},"content":{"rendered":"<\/p>\n<div> \tCuando mi hijo menor ten\u00eda 5 a\u00f1os y pas\u00e1bamos unos d\u00edas en una rancher\u00eda wayuu, correteaba d\u00eda y noche con ni\u00f1os de su edad.<\/div>\n<p>  <!--more-->  <\/p>\n<div> \t\u00a0<\/div>\n<div> \tUna madrugada salieron todos atropell\u00e1ndose a mirar los chivos en un corral. Se trataba de algo especial, pero cotidiano. Uno de los ind\u00edgenas mayores agarr\u00f3 un cabrito por las orejas, sac\u00f3 de su cintura un cuchillo y lo degoll\u00f3. La sangre salt\u00f3 caliente y se encharc\u00f3 mientras colgaban el animal de las patas traseras para desangrarlo. Lo despellejaron, lo despresaron, y la cabeza qued\u00f3 colgando. Mi hijo no volvi\u00f3 a comer nada que &ldquo;tuviera mam\u00e1&rdquo; durante muchos d\u00edas. Para los ni\u00f1os ind\u00edgenas, el sacrificio del cabrito era un hecho casi diario: m\u00e1s a\u00fan, ayudaban a cortar los entresijos para hacer el friche, un picadillo de h\u00edgado, coraz\u00f3n, bofe y ri\u00f1\u00f3n cocinado en sangre.<\/div>\n<div> \t\u00a0<\/div>\n<div> \tNo hace mucho en Casanare, con mi nieta de 6 a\u00f1os y mi nieto de 12 nos invitaron al &ldquo;sacrificio de una mamona&rdquo;. Lo dud\u00e9 porque sab\u00eda de qu\u00e9 se trataba, pero al fin, me dije: si ellos van a toros a la Santamar\u00eda, pues no les impresionar\u00e1 mucho la muerte de una novilla. Al atardecer del d\u00eda anterior, los vaqueros hab\u00edan arriado el ganado hasta el corral y el mayoral hab\u00eda escogido una ternerita de 8 meses. La manearon de las cuatro patas y la ataron al botal\u00f3n. A la ma\u00f1ana siguiente, entre oscuro y claro, llegamos justo cuando iban a sacrificarla. Los ni\u00f1os llaneros que viv\u00edan en el hato esperaban atentos con baldes a que el mensual comenzara la faena. Con el cuchillo que siempre llevan en el ijar, el hombre degoll\u00f3 la ternera y el chorro de sangre oscura brot\u00f3 como de una fuente. Los ni\u00f1os recogieron la sangre y mientras unos vaqueros pelaban la ternerita, la despresaban y pon\u00edan la carne en los chuzos para asarla, otros extend\u00edan el cuero al sol y lo fijaban a la tierra con estacas para hacer rejos de enlazar. Una faena. Mis nietos se mostraban inquietos y miraban m\u00e1s con inter\u00e9s que con miedo. Al final les pregunt\u00e9: \u00bfC\u00f3mo les pareci\u00f3? Me respondieron: horrible, y mi nieta agreg\u00f3: En la Santamar\u00eda la muerte no es tan fea.<\/div>\n<div> \t\u00a0<\/div>\n<div> \tTen\u00eda toda la raz\u00f3n. Y eso que nunca han visto como matan las reses en los mataderos municipales: las descabellan con un punz\u00f3n afilado y el animal da estertores, muge hasta que la vida se le escapa por la herida que le han abierto para degollarla. Un r\u00edo de sangre mancha las paredes y las botas del matarife. Parte de la sangre &ndash;la negra, que llaman&ndash; la recoge el &ldquo;pesero&rdquo; para venderla y hacer caldo de pajarilla, muy apetecido para curar el paludismo. Tampoco han visto c\u00f3mo se mata en el campo un marrano. Lo manean en medio de los m\u00e1s espantosos berridos del animal, casi humanos; luego quien va a sacrificarlo le levanta la cabeza por las orejas, saca un cuchillo de 35 cent\u00edmetros que ha afilado sobre una piedra y se lo clava en el propio coraz\u00f3n. Es la c\u00e9lebre cuchillada marranera. La sangre brota a borbotones, pero el animalito queda revolc\u00e1ndose, chillando y hasta saltando hasta que se paraliza. Menos a\u00fan han visto como matan a los cuyes en Nari\u00f1o: quien lo va a cocinar lo saca de debajo del fog\u00f3n, donde viven comiendo pasto, calent\u00e1ndose y reproduci\u00e9ndose. Lo cogen por el hocico, le empujan con fuerza la trompa sobre el suelo hasta que lo ahogan &ldquo;porque \u00e9l lleva la muerte ah\u00ed&rdquo;, y chillando lo despellejan y lo descueran y empalan con un chuzo para asarlo a la brasa. Tampoco han visto matar conejos ni pollos. \u00a1Ni caballos!<\/div>\n<div> \t\u00a0<\/div>\n<div> \tLa realidad es que la muerte de los animales dom\u00e9sticos siempre impresiona porque uno &ndash;tambi\u00e9n alg\u00fan magistrado&ndash; se pone en el lugar del bicho. Y se le atribuye la angustia, la agon\u00eda, y el dolor que uno sentir\u00eda en manos de un matarife. Es un mecanismo corriente. Si no se asiste a ese espect\u00e1culo, se come carne como si fuera una lechuga, aunque haya sido regada con orines. Hoy en los mataderos de las ciudades, las reses son muertas &ndash;mejor decir, asesinadas&ndash; con una pistola que descarga un golpe el\u00e9ctrico brutal como el que deben sentir los condenados a muerte en la silla el\u00e9ctrica. Muertes ambas indignas y cobardes. Las reses no quedan muertas, quedan inconscientes y siguen movi\u00e9ndose cuando las cuelgan y las deg\u00fcellan para sangrarlas. Despu\u00e9s las despresan y las cortan para la mesa, donde los antitaurinos se comen el bife chorizo a punto, es decir, sangrante.<\/div>\n<div> \t\u00a0<\/div>\n<div> \tTodo el problema de la muerte digna de los animales consiste en no ver la manera como los matan. Es digna cuando ese sacrificio se hace a escondidas.<\/div>\n<div> \t\u00a0<\/div>\n<div> \tLa globalizaci\u00f3n est\u00e1 empe\u00f1ada en borrar la muerte. En esconderla. \u00a1Es horripilante! \u00a1Enluta! \u00bfHa visto alguien en una propaganda cualquiera de cualquier producto un muerto? \u00a1No! Ese hecho de la vida debe ser suprimido. La muerte solo se muestra &ndash;\u00a1y de qu\u00e9 maneras tan brutales y crueles!&ndash; en la televisi\u00f3n; ah\u00ed es digno matar y contramatar. Y sobre todo, no inquieta ver la sangre humana si al tiempo se toma coca cola y se come una hamburguesa.<\/div>\n<div> \t\u00a0<\/div>\n<div> \tPor: <strong>Alfredo Molano Bravo<\/strong><\/div>\n<div> \t<a href=\"http:\/\/www.elespectador.com\/opinion\/columna-357920-ocultar-muerte\">http:\/\/www.elespectador.com\/opinion\/columna-357920-ocultar-muerte<\/a><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando mi hijo menor ten\u00eda 5 a\u00f1os y pas\u00e1bamos unos d\u00edas en una rancher\u00eda wayuu, correteaba d\u00eda y noche con ni\u00f1os de su edad.<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[75],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/tejidohistorico.afrodescendientes.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4116"}],"collection":[{"href":"https:\/\/tejidohistorico.afrodescendientes.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/tejidohistorico.afrodescendientes.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tejidohistorico.afrodescendientes.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tejidohistorico.afrodescendientes.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4116"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/tejidohistorico.afrodescendientes.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4116\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/tejidohistorico.afrodescendientes.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4116"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/tejidohistorico.afrodescendientes.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4116"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/tejidohistorico.afrodescendientes.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4116"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}