{"id":5055,"date":"2013-01-25T13:56:50","date_gmt":"2013-01-25T13:56:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www2.nasaacin.org\/index.php\/2013\/01\/25\/el-territorio-como-espacio-emancipatorio\/"},"modified":"2013-01-25T13:56:50","modified_gmt":"2013-01-25T13:56:50","slug":"el-territorio-como-espacio-emancipatorio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tejidohistorico.afrodescendientes.com\/index.php\/2013\/01\/25\/el-territorio-como-espacio-emancipatorio\/","title":{"rendered":"El territorio como espacio emancipatorio"},"content":{"rendered":"<div> \t<\/div>\n<div> \tLos movimientos de base territorial, rurales y urbanos, integrados por ind&iacute;genas y afrodescendientes, campesinos y sectores populares, jugaron un papel decisivo en la resistencia y deslegitimaci&oacute;n del modelo neoliberal. Desde sus territorios lanzaron formidables ofensivas que abrieron grietas en el sistema de partidos sobre el que se asienta la dominaci&oacute;n y modificaron el escenario geopol&iacute;tico regional. De modo directo e indirecto, influyeron en lo local, lo nacional, regional y global.<\/div>\n<p>  <!--more-->  <\/p>\n<div> \t&nbsp;<\/div>\n<div> \tHan jugado y jugar&aacute;n tambi&eacute;n un papel decisivo en la construcci&oacute;n de un mundo nuevo. Si ese mundo, como se&ntilde;ala Immanuel Wallerstein (La Jornada, 12 de enero de 2013), ser&aacute; el resultado de una infinidad de acciones nanosc&oacute;picas, las peque&ntilde;as mariposas capaces de construirlo habitan territorios en los que resisten y en ellos pueden construir relaciones sociales diferentes a las hegem&oacute;nicas. No es con manifestaciones ni declaraciones, por m&aacute;s masivas y necesarias que sean, como se crea el socialismo, sino con pr&aacute;cticas sociales en espacios concretos. Territorios en resistencia que son a la vez espacios en los que va naciendo lo nuevo.<\/div>\n<div> \t&nbsp;<\/div>\n<div> \tHasta ah&iacute;, son temas que hemos venido debatiendo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. El capitalismo puede ser derrotado si somos capaces de expropiarle los medios de producci&oacute;n (y de cambio) en un largo proceso. Pero la cuesti&oacute;n no se agota all&iacute;. El sistema aprendi&oacute; a desorganizar, diluir, cooptar y aniquilar por la fuerza (todo junto, no una u otra acci&oacute;n) a los sujetos nacidos y arraigados en la resistencia territorial. La combinaci&oacute;n de fuerza bruta (militar y policial) con pol&iacute;ticas sociales para combatir la pobreza es parte de esa estrategia de aniquilaci&oacute;n.<\/div>\n<div> \t&nbsp;<\/div>\n<div> \tAnte esta situaci&oacute;n compleja y dif&iacute;cil, crece la tentaci&oacute;n de replegarse de los territorios en los que nacieron m&uacute;ltiples sujetos colectivos, buscando lugares m&aacute;s propicios donde seguir creciendo. A veces se apuesta por lo sindical, otras a lo estudiantil y en otras por lo electoral. Un debate de este tipo atraviesa sobre todo a movimientos en Argentina, Chile, Paraguay y Per&uacute;, aunque est&aacute; presente en casi todos los pa&iacute;ses.<\/div>\n<div> \t&nbsp;<\/div>\n<div> \tEs cierto que lo territorial por s&iacute; solo no alcanza. Que debe incluir formas diferentes de hacer pol&iacute;tica donde la gente com&uacute;n decida y ejecute; que hace falta crear formas de poder distintas a las estatales; que para garantizar la autonom&iacute;a territorial es imprescindible asegurar la sobrevivencia material, o sea salud, educaci&oacute;n, vivienda y alimentaci&oacute;n para todos y todas.<\/div>\n<div> \t&nbsp;<\/div>\n<div> \tPero no podemos olvidar que los territorios son claves para la lucha por un mundo nuevo por dos razones, digamos, estrat&eacute;gicas: se trata de crear espacios donde podamos garantizar la vida de los de abajo, en todas sus multifac&eacute;ticas dimensiones; y porque la acumulaci&oacute;n por despojo o guerra &ndash;que es el principal modo de acumulaci&oacute;n del capitalismo actual&ndash; ha convertido a los movimientos territoriales en el n&uacute;cleo de la resistencia. La mutaci&oacute;n del capitalismo que conocemos como neoliberalismo es guerra contra la vida.<\/div>\n<div> \t&nbsp;<\/div>\n<div> \tA ellas se podr&iacute;a agregar un tercer argumento: s&oacute;lo es posible resistir en las relaciones tejidas en torno de valores de uso, ya sean materiales o simb&oacute;licos. Si s&oacute;lo nos movemos en las esferas de los valores de cambio, nos limitamos a reproducir lo que hay. Cerrados los poros de la vida en las f&aacute;bricas por el posfordismo, es en los territorios, barrios, comunidades o periferias urbanas donde &ndash;aun esos mismos trabajadores&ndash; se vinculan entre s&iacute; en formas de reciprocidad, ayuda mutua y cooperaci&oacute;n que son relaciones sociales moldeadas en torno del intercambio de valores de uso.<\/div>\n<div> \t&nbsp;<\/div>\n<div> \tNo es una cuesti&oacute;n te&oacute;rica y por lo tanto s&oacute;lo se puede mostrar. Se conoce y se practica, o no se entiende. Resistir hoy es proteger la vida y construir vida en territorios controlados colectivamente. El punto es que si abandonamos los territorios, ganaron los de arriba. Y en este punto no hay dos caminos. S&oacute;lo queda hacerse fuertes y aut&oacute;nomos all&iacute;, neutralizando las pol&iacute;ticas sociales que quieren destruir lo colectivo salvando al pobre individualmente.<\/div>\n<div> \t&nbsp;<\/div>\n<div> \tEl pueblo mapuche resiste desde hace cinco siglos aferr&aacute;ndose a sus territorios. As&iacute; derrotaron a los conquistadores espa&ntilde;oles, y en ellos se repusieron de la derrota que les infligi&oacute; la Rep&uacute;blica criolla en la guerra de exterminio conocida como Pacificaci&oacute;n de la Araucan&iacute;a en la segunda mitad del siglo XIX. En sus territorios aguantaron el diluvio de la dictadura pinochetista y las pol&iacute;ticas antiterroristas de la democracia, debidamente condimentadas con pol&iacute;ticas sociales para someter con migajas lo que no pudieron con palos.<\/div>\n<div> \t&nbsp;<\/div>\n<div> \tNo es la excepci&oacute;n sino la regla. Chiapas, Cauca, Cajamarca donde se resiste el Proyecto Conga, Belo Monte, El Alto o el conurbano de Buenos Aires, entre muchos otros, muestran que la combinaci&oacute;n de guerra y domesticaci&oacute;n son los modos de esterilizar las resistencias. Lo que diferencia esos territorios es que all&iacute; existen los modos de vida heterog&eacute;neos sobre los cuales es posible crear algo distinto a lo hegem&oacute;nico. No nos enga&ntilde;emos: esa posibilidad no existe hoy ni en las f&aacute;bricas ni en los dem&aacute;s lugares donde todo son valores de cambio, desde el tiempo hasta las personas.<\/div>\n<div> \t&nbsp;<\/div>\n<div> \tPor eso las pol&iacute;ticas sociales se han territorializado, porque los gestores del capital percibieron que all&iacute; ven&iacute;an perdiendo pie ante el nacimiento de sujetos integrados por los que no tienen nada que perder: mujeres, hombres y j&oacute;venes sin futuro en este sistema, aquellos que por el color de su piel, su cultura y su modo de ser no tienen cabida en las instituciones, ni siquiera en las que se reclaman de izquierda o defensoras de los trabajadores. All&iacute; s&oacute;lo existen como representados, o sea como ausentes.<\/div>\n<div> \t&nbsp;<\/div>\n<div> \tNo hay alternativas al trabajo territorial, ni atajos para hacer m&aacute;s corto y soportable el camino. La experiencia reciente muestra que es posible doblegar el cerco del sistema contra nuestros territorios, superar el aislamiento, sobrevivir y seguir adelante. Persistir o no, es una cuesti&oacute;n de pura voluntad.<\/div>\n<div> \t&nbsp;<\/div>\n<div> \t<strong>Ra&uacute;l Zibechi<\/strong><\/div>\n<div> \t<a href=\"http:\/\/www.jornada.unam.mx\/2013\/01\/25\/opinion\/021a1pol\">http:\/\/www.jornada.unam.mx\/2013\/01\/25\/opinion\/021a1pol<\/a><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los movimientos de base territorial, rurales y urbanos, integrados por ind&iacute;genas y afrodescendientes, campesinos y sectores populares, jugaron un papel decisivo en la resistencia y deslegitimaci&oacute;n del modelo neoliberal. 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