{"id":758,"date":"2010-09-25T15:27:19","date_gmt":"2010-09-25T15:27:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www2.nasaacin.org\/index.php\/2010\/09\/25\/instrucciones-para-robar-un-diamante\/"},"modified":"2010-09-25T15:27:19","modified_gmt":"2010-09-25T15:27:19","slug":"instrucciones-para-robar-un-diamante","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tejidohistorico.afrodescendientes.com\/index.php\/2010\/09\/25\/instrucciones-para-robar-un-diamante\/","title":{"rendered":"Instrucciones para robar un diamante"},"content":{"rendered":"<p><em>Hay gente que le gusta robar cosas peque\u00f1as. Diamantes, por  ejemplo. Son f\u00e1ciles de esconder, y sus due\u00f1os pueden no darse cuenta de  que se los han robado hasta cuando es demasiado tarde. No carece de  astucia el que escoge robar esas gemas cuajadas de luz, y tan port\u00e1tiles  que no es dif\u00edcil hacerlas pasar por retenes y fronteras.   <!--more-->  <\/em><\/p>\n<p>En cambio hay gente parad\u00f3jica que escoge robar cosas tan grandes que  nadie sabr\u00eda qu\u00e9 hacer con ellas. No hablo de jarrones Ming, ni de  alfombras, ni de elefantes. Hablo de bienes m\u00e1s grandes a\u00fan. Hablo de la  m\u00e1s atrevida, la m\u00e1s temeraria, e incre\u00edblemente la m\u00e1s exitosa entre  nosotros de las formas del robo. Ese bien que aqu\u00ed se roba amplia y  persistentemente, con toda eficacia y sin consecuencias para el ladr\u00f3n,  es la tierra.<\/p>\n<p>Al comienzo no s\u00f3lo la robaban. Bastaba que tres  ladrones se unieran, bastaba que uno de ellos fuera capell\u00e1n y el otro  notario, y declararan, porque les conven\u00eda, que los due\u00f1os de aquellas  tierras eran infieles y antrop\u00f3fagos, y las tierras pasaban  inmediatamente a sus manos, bajo el sello protector de la corona y bajo  la segura bendici\u00f3n del santo papa. La cosa ni siquiera se llamaba robo y  no hab\u00eda que ocultarla.<\/p>\n<p>El m\u00e9todo era tan perfecto que los  ladrones, a los que se les daban nombres m\u00e1s respetables, no s\u00f3lo  pasaban a ser due\u00f1os de la tierra sino due\u00f1os de todos los anteriores  propietarios que esa tierra ten\u00eda, y que en adelante deb\u00edan encorvarse  para siempre sobre los surcos a tributar su sudor y su vida ante esos  nobles adalides de la civilizaci\u00f3n que hab\u00edan venido a redimirlos de la  barbarie.<\/p>\n<p>As\u00ed fue en los or\u00edgenes. Y aunque el sistema fue  cambiando con los tiempos, no podemos decir precisamente que se  sofisticara. Tambi\u00e9n las guerras civiles sol\u00edan dejar las tierras de los  derrotados en manos de los triunfadores, y oportunas autoridades  emit\u00edan enseguida los t\u00edtulos correspondientes.<\/p>\n<p>No es que el robo  haya venido a hacerle trampa a la ley: con el robo lleg\u00f3 la ley y se  entroniz\u00f3. Muy a menudo eran los encargados de aplicar las leyes quienes  comet\u00edan el delito y lo legitimaban. Imagino que a las facultades de  Derecho les causa tanta consternaci\u00f3n leer la minuciosa historia de  nuestra injusticia que prefieren no pensar en ello. Por eso no vemos hoy  grandes debates sobre el modo como ha sido profanado siempre en nuestro  suelo el derecho de propiedad: casi tanto como el derecho a la vida.<\/p>\n<p>Por  all\u00e1 en los a\u00f1os treinta se empez\u00f3 a hablar de la necesidad de una  Reforma Agraria. Pero los tenientes de la tierra no s\u00f3lo hab\u00edan sido  h\u00e1biles a la hora de obtenerla: se mostraron m\u00e1s h\u00e1biles a\u00fan a la hora  de defenderla, y la legalidad tan profanada por ellos o por sus  respetables antepasados se volvi\u00f3 su disciplina favorita, para ejercer  la leg\u00edtima defensa contra toda amenaza liberal.<\/p>\n<p>Y llegaron los  temibles y rojos a\u00f1os cincuenta. Y en vez del \u00e9xito de la Ley de Tierras  de L\u00f3pez Pumarejo, y en vez de la reforma tan cantada, Colombia vivi\u00f3  esa espantosa contrarreforma agraria que se llam\u00f3 La Violencia, que  cambi\u00f3 el mapa de la propiedad, precisamente all\u00ed donde estaba la  principal riqueza nacional, la zona cafetera. Muchos te\u00f3ricos  preguntaban por qu\u00e9 maldici\u00f3n la violencia se ensa\u00f1aba con tierras tan  hermosas y fecundas. Sin embargo, era f\u00e1cil ver c\u00f3mo coincid\u00eda el rastro  rojo de la sangre con el rastro rojo de los frutos en las ramas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s  de aquello, de nada se habl\u00f3 tanto en Colombia como de la Reforma  Agraria. Pero un magistral Congreso de terratenientes se encarg\u00f3 de  impedir, por siempre y siempre y siempre, que aquella reforma llegara.  De pronto, en los a\u00f1os ochenta, otro cambio ocurri\u00f3 en nuestros campos.  \u00bfLlegaba por fin la Reforma Agraria que aclimatar\u00eda la paz, que honrar\u00eda  la vocaci\u00f3n agr\u00edcola del pa\u00eds, que por fin les har\u00eda justicia a los  campesinos tan maltratados, tan expulsados?<\/p>\n<p>No: nuevos  terratenientes ven\u00edan por el resto. Los campesinos que quedaban en  nuestros campos fueron arrojados a las ciudades, y no precisamente a  trabajar en la industria, porque ya la industria hab\u00eda sido sustituida  por dos grandes renglones de la econom\u00eda, el tr\u00e1fico de drogas y el  lavado de activos. Sus hijos no tendr\u00edan opciones laborales por fuera de  esos florecientes y violentos negocios.<\/p>\n<p>En un pa\u00eds donde la m\u00e1s  antigua tradici\u00f3n es el despojo de tierras, resulta asombroso o\u00edr hablar  de la intenci\u00f3n de devolver la tierra a sus propietarios. La m\u00e1s  reciente oleada dej\u00f3 millones de hect\u00e1reas productivas en otras manos.  \u00bfC\u00f3mo ir\u00e1n a hacer para arrebatarles las tierras a sus actuales due\u00f1os y  devolv\u00e9rselas a los campesinos desplazados? La generosa intenci\u00f3n no  puede olvidar que estamos en un pa\u00eds donde la voluntad de los  terratenientes se confundi\u00f3 siempre con la ley.<\/p>\n<p>Desde el comienzo  de nuestra historia, cierta gente se acostumbr\u00f3 a robar algo que no es  posible llevarse para ninguna parte, que tiene que permanecer all\u00ed donde  estaba. Se acostumbr\u00f3 a cometer robos que no es posible ocultar, a  robar lo que enseguida se advierte que ha sido robado. \u00bfC\u00f3mo lo hacen?  \u00bfY c\u00f3mo logran que esos robos sean enormes, persistentes, eficaces e  impunes? El que logre explicarlo habr\u00e1 llegado al alma de nuestra  sociedad, a la clave de nuestra identidad, al secreto mejor guardado de  nuestra naci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h5 class=\"columnista_nombre\">Por: William Ospina<\/h5>\n<p>http:\/\/www.elespectador.com\/columna-222642-instrucciones-robar-un-diamante<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay gente que le gusta robar cosas peque\u00f1as. Diamantes, por ejemplo. 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