{"id":914,"date":"2010-10-28T15:56:01","date_gmt":"2010-10-28T15:56:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www2.nasaacin.org\/index.php\/2010\/10\/28\/el-rio\/"},"modified":"2010-10-28T15:56:01","modified_gmt":"2010-10-28T15:56:01","slug":"el-rio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tejidohistorico.afrodescendientes.com\/index.php\/2010\/10\/28\/el-rio\/","title":{"rendered":"El R\u00edo"},"content":{"rendered":"<p>El siguiente texto in\u00e9dito, Fernando Garavito lo don\u00f3 al Tejido de Comunicaci\u00f3n para que lo publique en la revista\u00a0 &#8220;Carpintero&#8221;. En su momento no se public\u00f3 porque el contexto de la revista era m\u00e1s pol\u00edtico y no se articulaba con la sensibilidad de las palabras de Fernando. Hoy, al enterarnos de su muerte damos a conocer su contenido como un homenaje a un maestro del periodismo que deja una huella imborrable entre quienes comunicamos para proteger y defender la vida.<\/p>\n<p>  <!--more-->  <\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Este es <strong>El R\u00edo<\/strong>. Lo escrib\u00ed en un momento abismal, como el que todos vivimos cada d\u00eda. Espero que encuentre en Carpintero un buen hogar, y en sus lectores una sucesi\u00f3n de mentes claras que lo entiendan.<\/p>\n<p>Un abrazo,<\/p>\n<p>Fernando<br \/> <strong><br \/>EL R\u00cdO<\/strong><\/p>\n<p>Cualquier d\u00eda el r\u00edo sali\u00f3 de las manos de Dios.<br \/>Antes no exist\u00edan las llanuras ni las monta\u00f1as,<br \/>y no hab\u00eda riberas ni vertientes,<br \/>ni peque\u00f1os valles para que las aguas descansaran de su agitado ir y venir,<br \/>ni precipicios para que cayeran en un abismo sin fondo.<br \/>Entonces el r\u00edo comenz\u00f3 a ir a ciegas<br \/>y a tropezar una vez y mil veces,<br \/>a enredarse en sus propias aguas y corrientes<br \/>y a avanzar por un camino sin retorno.<br \/>Era la \u00e9poca en que las cosas apenas comenzaban<br \/>y hab\u00eda terremotos y volcanes<br \/>y los continentes navegaban por las aguas del mar<br \/>como barcos abiertos con todas las velas desplegadas.<br \/>En medio de ese cataclismo<br \/>el r\u00edo lleg\u00f3 a todas las regiones, se cobij\u00f3 bajo todos los cielos,<br \/>fue \u00e9l mismo bajo las aguas del mar<br \/>y \u00e9l mismo al subir a las cumbres nevadas<br \/>a tratar de ser eterno bajo la mirada del sol.<br \/>Fue entonces cuando nacieron los hombres<br \/>que aprendieron a ir hasta sus orillas<br \/>a cumplir oficios tan sencillos como descansar o jugar a la pelota,<br \/>o inventarse lenguajes para poder hablar.<br \/>Junto a \u00e9l crecieron palabras transparentes como la palabra agua,<br \/>o t\u00e9rminos para so\u00f1ar, como la palabra vuelo y la palabra camino,<br \/>y tambi\u00e9n la palabra muerte que es el vuelo que no termina jam\u00e1s.<br \/>Poco a poco los hombres aprendieron a entrar en el r\u00edo, a atravesarlo,<br \/>algunos se aventuraron a ir un poco m\u00e1s all\u00e1 de la primera curva,<br \/>muchos se hirieron con las piedras del fondo<br \/>o hundieron los pies en las arenas o sintieron entre las piernas<br \/>la caricia estremecedora de las anguilas<br \/>o se dejaron llevar por la corriente hasta los remolinos,<br \/>donde terminaron por ahogarse<br \/>asombrados ante la fuerza misteriosa del conocer y el conocerse.<br \/>As\u00ed, el r\u00edo fue la sed y fue el agua para saciarla,<br \/>fue el viaje y el hecho de embarcarse,<br \/>y la nave y el viento para correr entre las velas.<br \/>Cierta vez uno de ellos quiso ir hasta el l\u00edmite.<br \/>Iba con la mirada que tienen los iluminados,<br \/>el cayado y la br\u00fajula y un zurr\u00f3n para llevar los alimentos<br \/>y una honda para cazar y para defenderse del peligro.<br \/>\u201cYa volver\u00e9\u201d, les dijo a los dem\u00e1s, \u201ccuando sepa qu\u00e9 existe m\u00e1s all\u00e1 del all\u00e1,<br \/>cuando vea con mis propios ojos qu\u00e9 esconden los meandros,<br \/>y compruebe c\u00f3mo las lianas dejan caer su l\u00ednea dorada desde las copas de los \u00e1rboles,<br \/>para que en ellas las mariposas encuentren la forma de ser a\u00e9reas en su universo de colores.\u201d<br \/>Entonces comenz\u00f3 a pasar el tiempo hasta que todos lo olvidaron.<br \/>De vez en cuando alguien ten\u00eda sobre \u00e9l una memoria tr\u00e9mula,<br \/>que no lograba precisar ni el por qu\u00e9 ni el para qu\u00e9 de un viaje,<br \/>que en el oficio de los t\u00e9rminos alguien llam\u00f3 odisea,<br \/>palabra que, tal vez, quiera decir viaje en el laberinto.<br \/>Pasaron trescientos a\u00f1os, quiz\u00e1s uno m\u00e1s, uno menos,<br \/>hasta que cierto d\u00eda un hombre quiso entrar a una casa que no era su casa.<br \/>En la mirada ten\u00eda la visi\u00f3n de las aguas profundas,<br \/>y su barba estaba poblada de ramas secas y de arbustos,<br \/>las orejas le hab\u00edan crecido para o\u00edr los sonidos del mundo,<br \/>y sus palabras dec\u00edan cosas olvidadas por todos,<br \/>como catalejo o astrolabio o rosa de los vientos.<br \/>\u201cSoy el que fui\u201d, dijo el hombre ante los ojos asombrados<br \/>de quienes recordaban haber o\u00eddo hablar de \u00e9l, como una leyenda,<br \/>que ven\u00eda desde el tiempo de los abuelos de los abuelos de sus padres.<br \/>\u201cNo alcanc\u00e9 a llegar hasta el fin del mundo que es el sitio donde termina el r\u00edo,<br \/>pero en \u00e9l conoc\u00ed el fuego misterioso que abriga el coraz\u00f3n de la mujer,<br \/>y fue en ese coraz\u00f3n donde me sumerg\u00ed en un misterio infinito;<br \/>estuve, tambi\u00e9n, con los c\u00edclopes y con los unicornios;<br \/>en la tribu de los reducidores de cabezas<br \/>me sent\u00e9 al pie del estrado donde escriben los autores de dogmas y de doctrinas,<br \/>y all\u00ed comprob\u00e9 que sus palabras provocan cambios en el curso del r\u00edo,<br \/>que se ve obligado a buscar senderos donde el aire no est\u00e9 contaminado,<br \/>y vertientes donde no haya espejismos.\u201d<br \/>\u201cHe acumulado en m\u00ed \u2013dijo el hombre\u2013 el conocimiento del mundo.<br \/>Debo escribirlo para que quienes vengan despu\u00e9s no pierdan esa memoria.<br \/>Tal vez me demore doscientos a\u00f1os o m\u00e1s en terminarla,<br \/>pero en ella estar\u00e1 todo lo que es necesario saber,<br \/>desde la existencia de Dios, al que llamar\u00e9 con todos los nombres conocidos,<br \/>hasta los elementos, y las leyes de la f\u00edsica y de la bot\u00e1nica.<br \/>Comprobar\u00e9 que la Tierra es plana y que est\u00e1 en el centro de la creaci\u00f3n,<br \/>que el hombre es a su vez el centro de ese centro, y que su conciencia<br \/>es la que impulsa lo creado y lo que a\u00fan est\u00e1 por crearse;<br \/>describir\u00e9 los animales, las categor\u00edas de los \u00e1ngeles, los c\u00edrculos del infierno;<br \/>precisar\u00e9 las leyes naturales y me extender\u00e9 sobre el trivium y el quadrivium,<br \/>dir\u00e9 qu\u00e9 es verdad y, al hacerlo, le pondr\u00e9 fin a los cismas y a los sofismas,<br \/>cualquiera tendr\u00e1 sobre su mesa el r\u00edo que recorr\u00ed palmo a palmo,<br \/>al abrir sus p\u00e1ginas encontrar\u00e1 las selvas y las estrellas<br \/>y oir\u00e1 los vientos huracanados y las tempestades que se levantan en el centro del mar.\u201d<br \/>El hombre sell\u00f3 sus labios y se dedic\u00f3 a su tarea.<br \/>En un comienzo todos ve\u00edan la lucecita de su habitaci\u00f3n encendida hasta la madrugada,<br \/>pero poco a poco fueron olvid\u00e1ndolo mientras cada cual se dedicaba a sus asuntos,<br \/>los campesinos a sembrar el trigo y a cosechar el milagro del pan en la cocina,<br \/>los herreros a forjar las coronas del rey y las herraduras de las bestias,<br \/>la muerte a distribuir las epidemias y a ahondar en el dolor y la miseria.<br \/>Mucho tiempo despu\u00e9s (como esta es una historia antigua<br \/>ya nadie recuerda las fechas ni las an\u00e9cdotas),<br \/>un muchacho quiso atravesar el pueblo acortando camino por las habitaciones.<br \/>Al abrir esa puerta que nadie tocaba desde a\u00f1os inmemoriales,<br \/>una bocanada de aire fresco lo golpe\u00f3 de lleno en el rostro y el pecho.<br \/>All\u00ed estaba el hombre, recostado sobre su mesa,<br \/>y en el libro que ten\u00eda abierto ante s\u00ed se alcanzaba a leer la palabra \u201cumbral\u201d<br \/>escrita con caligraf\u00eda minuciosa. El muchacho llam\u00f3 a los vecinos:<br \/>\u201cvengan\u201d, \u201cvengan\u201d, grit\u00f3 a voz en cuello mientras del libro<br \/>sal\u00edan las guacamayas de colores que s\u00f3lo se conocen en los mares del sur,<br \/>sal\u00edan Islandia y el Taj Mahal y la Tierra del Fuego,<br \/>y un conejo vestido de etiqueta consultando su reloj de bolsillo,<br \/>aparte de un globo aerost\u00e1tico y Louis Pasteur junto a su microscopio,<br \/>y la Muralla China aplastada por la solemnidad de los emperadores,<br \/>y el R\u00e9quiem escrito para s\u00ed mismo por un hombre joven que muri\u00f3 de fiebres reum\u00e1ticas,<br \/>y la ballena blanca perseguida por un marino hundido en la demencia\u2026<br \/>Despu\u00e9s, cuando volvi\u00f3 la calma,<br \/>cuando cada una de las cosas hubo tomado su rumbo cierto y distinto<br \/>hacia el sitio que llegar\u00edan a ocupar en la memoria de los hombres,<br \/>surgi\u00f3 del libro una \u00faltima figura. Era leve<br \/>y ven\u00eda envuelta en la armon\u00eda de sus movimientos,<br \/>que sal\u00edan de su fuerza interior, de su serena mirada profunda.<br \/>Ella era la brisa que detiene el curso de las tempestades,<br \/>la encrucijada que se\u00f1ala el mejor de los caminos posibles,<br \/>en sus brazos nac\u00edan los vientos alisios,<br \/>y su sonrisa era un rayo de sol sobre un magnolio cubierto de roc\u00edo.<br \/>\u201cEl conocimiento es infinito\u201d, dijo con una voz tranquila,<br \/>que se oy\u00f3 como el agua que fluye en los arroyos de los campos.<br \/>\u201cCada uno de nosotros lo seguir\u00e1 como se sigue la corriente de un r\u00edo que se bifurca.<br \/>Todos bajar\u00e1n hasta su orilla, pero no todos se hundir\u00e1n en sus aguas,<br \/>algunos lo remontar\u00e1n con dificultad, pero los m\u00e1s ir\u00e1n corriente abajo,<br \/>sin que ninguno encuentre jam\u00e1s su nacimiento o su desembocadura,<br \/>algunos avanzar\u00e1n m\u00e1s que otros, algunos se sentar\u00e1n en una piedra a contemplar el infinito,<br \/>otros sufrir\u00e1n la desaz\u00f3n de quien sabe qu\u00e9 debe hacer pero no sabe c\u00f3mo hacerlo.<br \/>Pasar\u00e1n muchos siglos pero alg\u00fan d\u00eda llegar\u00e1 el tiempo<br \/>en que el hombre encontrar\u00e1 la mejor manera de enfrentar sus desaf\u00edos,<br \/>y habr\u00e1 algunos que sabr\u00e1n c\u00f3mo ayudar a los dem\u00e1s a seguir su camino\u2026\u201d<br \/>Cuando su figura comenz\u00f3 a esfumarse en el aire,<br \/>aquel que la am\u00f3 por el s\u00f3lo hecho de verla, quiso saber qui\u00e9n era,<br \/>y ella, con una voz que se perdi\u00f3 en el tiempo, alcanz\u00f3 a contestarle:<\/p>\n<p>\u201cMe llamo Priscilla Welton. Fui maestra.\u201d<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El siguiente texto in\u00e9dito, Fernando Garavito lo don\u00f3 al Tejido de Comunicaci\u00f3n para que lo publique en la revista\u00a0 &#8220;Carpintero&#8221;. 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