El 1 de febrero, las asambleas autoorganizadas que iniciaron un bloqueo al emprendimiento extractivo de Bajo de la Alumbrera el 20 de enero confirman que desde el 26 el sitio al yacimiento de cobre, oro y molibdeno es total.

 

 

La medida se complimenta con retenes en los municipios catamarqueños de Belén, Tinogasta, Santa María, Andalgalá, y en la comuna rural tucumana de Amaicha del Valle. Los días 9–10 de febrero, unidades provinciales de infantería policial rompen los bloqueos de Belén, Tinogasta —donde los efectivos chocan con los pobladores— y Amaicha del Valle. Desde el 15 no se registran bloqueos en Santa María. Un contrabloqueo impuesto en Andalgalá por partidarios del proyecto minero el 11 de febrero es levantado el día 16. Diálogo con Roberto Lovera (66), tinogasteño, miembro de la Asamblea de Ciudadanos en Defensa de la Vida y el Agua.*

P: ¿Permanece alguno de tus compañeros detenido u hospitalizado tras las refriegas con la policía de los días 9–10 de febrero?

R: No, gracias a Dios la gente se está recuperando. Los que habían sido más golpeados ya están de nuevo en la calle participando activamente, continuando con el bloqueo. La gente no se ha retirado del lugar a pesar del atropello del que fue víctima, y está con más fuerza que antes, porque tenemos el convencimiento de cuál es el objeto por el que se está luchando.

 

P: ¿Por qué se decidió, “por primera vez en 15 años”, detener de forma efectiva el suministro de insumos destinados al emprendimiento de Minera Alumbrera? ¿Se puede determinar el origen de las protestas?

R: La gente fue tomando conocimiento de lo que significaba una actividad minera y de los daños que empezaban a aparecer en las localidades, especialmente en Andalgalá: ver la presión social con que actuaban sobre la zona, ver cómo se incidía sobre la educación, cómo se desatendía el desarrollo económico de los lugares. Todo eso se fue enlazando y cada comunidad fue entendiendo lo que acarreaba un emprendimiento megaminero. Por eso, viendo los atropellos, la complicidad del Gobierno, la falta de accionar de la Justicia, los pueblos empiezan a reaccionar. No lo hicieron antes porque nadie conocía cómo era este tipo de actividad, y tenían todavía la confianza en que su Gobierno estaba haciendo algo en serio.

 

P: En relación a la posible contaminación ambiental ocasionada por la minería, uno de los referentes del bloqueo en Belén expresaba el rechazo a los estudios elaborados por organismos privados, ya que las instituciones públicas podrían hacerlos con mayor responsabilidad y transparencia (véase Bloqueo “selectivo” contra Minera Alumbrera). Minera Alumbrera cita una veintena de monitoreos independientes de calidad de agua encargados en 2010 a las universidades nacionales de Santiago del Estero (UNSE) y Tucumán (UNT), cuyos resultados confirmarían que la calidad de los desagües de Bajo de la Alumbrera se ajusta a la legislación vigente.

R: Es preocupante ver que las autoridades responsables de realizar el control en las áreas correspondientes de la provincia, como la misma Secretaría de Minería de la Nación, empiezan a mirar para otro lado. Dejan que las empresas hagan su autocontrol; son poco creíbles los informes que puedan hacer porque no informan la realidad. No nos pueden decir: “Sí, los estamos haciendo”. Veamos quiénes los hacen y por qué prohíben la participación de otros organismos más independientes. Los mismos fiscales federales no han podido entrar, en su momento, a tomar las muestras de estos vertidos. Se le prohibió la entrada a la justicia federal. La información tiene que ser muy clara, muy precisa y bien orientada.

 

P: Durante el período 2004–2010, según un informe de la empresa elaborado con datos provinciales oficiales, del total de regalías mineras captadas por los municipios catamarqueños —unos $351,8 millones— Andalgalá, el distrito minero más caliente, absorbió $84 millones, en tanto Belén y Santa María captaron $37,8 y $15,6 millones respectivamente…

R: Acá no se ha visto que la actividad genere algún beneficio para las comunidades. Catamarca está prácticamente encabezando el “ranking” de la pobreza en nuestro país. Los pueblos más cercanos, especialmente Belén y Andalgalá, están sumidos en un abandono y una pobreza totales. Esperamos que no sigan con estos beneficios porque van a matar a la provincia de Catamarca. Uno compara pueblos vecinos de la zona, mejor desarrollados, donde los pueblos están más tranquilos y viven con proyectos verdaderamente sustentables. Es cuestión de recorrer la zona y ver el desastre, el abandono, la falta de asistencia del Estado. No estamos discutiendo el tema de esas dádivas. Y aunque fuesen mayores, primero hay que ver si se puede realizar la actividad, en qué condiciones se puede hacer y si en los lugares aceptan ese tipo de actividad. Acá no se permite la participación, se la prohíbe. Le imponen a la gente un producto metido por la ventana.

 

P: La asamblea “El Algarrobo” lanzó dos fuertes reclamos el día 13 de febrero: “el restablecimiento inmediato del Estado de derecho en todo el territorio catamarqueño y el restablecimiento de las garantías de libre tránsito de toda persona que ingrese o egrese de Andalgalá”. ¿Contemplan abandonar las rutas para descomprimir la situación?

R: La situación de abandono del Estado de derecho y pérdida de las garantías constitucionales la ha establecido la Provincia, nadie más. Esa decisión de atropellar la dignidad de la gente cuando está haciendo un reclamo es una forma salvaje de agredir a una comunidad que pide ser escuchada. Esto es sencillo: no hace falta ser técnico para decidir cómo quiero vivir.

 

P: ¿Que diseño tendría la hoja de ruta que permita encauzar el conflicto?

R: Creo que el diálogo es lo más necesario y urgente, pero hay que tener la voluntad política de no ser soberbio. Hay que dialogar primero, y no imponer a palos, como lo están haciendo. El diálogo lo vamos a hacer sin condicionamientos, sin imposiciones. Se necesita entender que la gente reclama por un derecho genuino, porque ve amenazado su futuro, su agua. Es indispensable y urgente que, de una vez por todas, piensen que tienen que escuchar a la gente que los ha puesto en el lugar que están. Acá no hay violencia, no hay nada. La violencia la han engendrado ellos.

 

 

* Por el Observatorio de Conflictos por los Recursos Naturales (OCRN) en alianza con Acción por la Biodiversidad.