Nació en Ibagué hace 62 años en el seno de una familia manizaleña. Se graduó como arquitecto de la Universidad de los Andes y ya desde entonces militaba en el Movimiento Independiente y Revolucionario (Moir).

Impartió cátedra universitaria durante 30 años. Su trabajo en pro de las clases menos favorecidas ha sido intenso y permanente. Fundó la Unidad Cafetera Nacional y la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria. Estas últimas dedicadas a trabajar con los campesinos caldenses y a liderar diferentes movimientos sociales.

En 2002 llegó al Senado de la República con votos de Caldas, Antioquia y Cesar, principalmente. Allí se convirtió en una gran figura nacional al liderar la oposición al Alca. Fue uno de los más feroces opositores del gobierno de Álvaro Uribe al que le hizo unos debates memorables.

En 2006 se sumó al Polo Democrático Alternativo. Apoyó la candidatura de Carlos Gaviria en el 2006 para enfrentar la segunda candidatura de Álvaro Uribe. En esas elecciones obtuvo 80.000 votos y su segundo período se caracterizó por su oposición al TLC con Estados Unidos y por los debates de control político a Andrés Felipe Arias, a las bases americanas en Colombia y a los negocios de los hijos del presidente Álvaro Uribe.

En 2010 se reeligió de nuevo al Senado, esta vez con 165.000 votos. Desde entonces le hace oposición al gobierno de Juan Manuel Santos.

En 2011 apoyó a su copartidario el alcalde de Bogotá, Samuel Moreno, en una actitud que le fue duramente criticada y sobre la cual él alega que se trató de un problema de principios porque considera importante la defensa del debido proceso y a la presunción de inocencia, como parte fundamental del Estado de Derecho. Hoy es la única voz política disidente frente a la Unidad Nacional de Juan Manuel Santos y está considerando seriamente la posibilidad de lanzarse como candidato presidencial en las elecciones de 2014.

¿Por qué no votó la Ley de Regalías?

Porque es una ley de centralización de los recursos. Esto quiere decir que lo que antes era gasto local se convirtió en los llamados “gastos regionales” pero que en realidad son nacionales.

¿La idea de ponerle más controles a las regalías no obedece al continuo despilfarro, a las obras inconclusas y elefantes blancos, y al robo continuado por parte de funcionarios y subversivos?

Ese es el argumento, pero se las van a seguir robando. Cecilia López dijo algo muy cierto y es que la diferencia entre la corrupción local y la nacional es que en la local roban millones y en la nacional billones. Aquí hay que reconocer una verdad de a puño y es que en el robo al Estado nadie se roba el 100% y con los márgenes que quedan es con lo que funcionan los municipios.

Entonces, ¿es mejor que roben?

Claro que no. Pero estoy bregando a ser objetivo con respecto a lo que pasa. Hay protestas de los alcaldes y de los estudiantes en todas partes en contra de una ley que ya ha sido calificada como ley de centralización de los recursos, que, además, no se tramitó en un ambiente democrático. Esa es mi queja.

Vamos ahora al espíritu de la ley. ¿Usted se oponía a que se repartiera entre todos los departamentos del país una riqueza que es de todos los colombianos?

No, es que allí hay también una especie de fraude porque recuerde que el país está organizado en gobierno nacional, departamental y municipal y la Constitución disponía que esa plata era un derecho de los municipios productores, en una cuantía aproximada al 60,70%. El resto iba a los municipios no productores porque también es mentira eso de que sólo les llegaba a los productores. Yo no me opongo al segundo túnel de La Línea, pero sí pregunto, ¿por qué tendría que hacerse con la plata de Aipe, en el Huila o de Piedras, en el Tolima? No me opongo a que distribuyan mejor la plata, pero sí tengo objeciones: ¿se les respetan o no a los municipios sus derechos? Porque ahí hay una expropiación de los derechos municipales en beneficio de los derechos nacionales. La plata no le va a llegar a todo el mundo porque ese cuento de Echeverry de ‘la mermelada en toda la tostada’, es paja.

¿Cómo ve el gobierno?

No es verdad que Santos sea un gran presidente y que éste sea un buen gobierno. Santos es igual a todos los otros. En los asuntos medulares es lo mismo que Uribe: la confianza inversionista –idéntico- la seguridad democrática es igual –que haya un muerto más o un muerto menos no cambia nada- y en cuanto a la cohesión social, deja mucho que desear un presidente que pone de vicepresidente a Angelino para engañar a los trabajadores.

¿Garzón no representa la clase trabajadora de este país?

A él lo pusieron porque fue sindicalista pero sobre todo, porque ya no lo es. Esa es la gracia. Un tipo que está en un bando y cambió, es útil porque confunde. O si no, dígame, ¿cuál otra utilidad tiene Angelino? Un sindicalista de corazón no les sirve porque les arma un lío. Angelino es de la cuadrilla de Santos, y fue de la de Pastrana y de la de Uribe.

Bueno, pero no negará entonces que Santos es un buen estratega político…

No, es un politiquero bravo.

Si Santos es tan idéntico a Uribe como usted dice, ¿por qué las pataletas del ex presidente por Twitter?

Ese conflicto -que es agudo y se podría agudizar más- yo lo catalogo como pelea de compadres, aunque políticamente les resulte muy útil al uno y al otro. Ellos dos son idénticos. Sólo varía la forma.

¿En qué más encuentra semejanzas entre Santos y Uribe?

Por ejemplo en los temas que tienen que ver con garantías a las Fuerzas Armadas, la condena a Plazas Vega y en la reforma a la justicia. Las posiciones de Santos son idénticas a las de Uribe. Hay un propósito de cooptar la justicia y, a mi juicio, Santos está dedicado a una cosa que es de extrema gravedad: a buscar una justicia de bolsillo.

¿Qué le permite decir eso?

Ya lo planteó claro la Corte Suprema de Justicia: lo que se está haciendo no es una reforma a la justicia sino una reforma política para controlar a la justicia. Le están metiendo la mano duro al origen de las magistraturas, aumentando el poder del ejecutivo y del legislativo y debilitando el poder judicial.

¿Cómo ve el tema de la Restitución de Tierras y la Ley de Víctimas?

La tierra debe restituírsele a los desplazados por la violencia, pero también me parece importante que se hable en general de lo que es la política agraria del gobierno, porque es de una mediocridad pasmosa en su aplicación, entre otras, porque su redacción es floja. Hay aspectos fundamentales que no han tenido el menor debate, a pesar de que afectarán profundamente los resultados. Suponga que la ley tiene un éxito clamoroso y que toda la tierra que ha sido despojada regresara a sus verdaderos dueños en los predios rurales. La pregunta es: ¿habrán desaparecido los factores económicos y de violencia que propiciaron el despojo?

¿Dónde ve el peligro de fomentar fincas gigantescas?

La ley no determina cómo se usarán las tierras que se restituyan, ni lo que pasará con las que pasen al estado. En el punto 63 del Plan de Gobierno de Santos se dice que se fomentará “el desarrollo de grandes explotaciones agropecuarias”, y el 69 dice que quitará la “limitación burocrática” de la Unidad Agrícola Familiar (UAF), que prohíbe que el estado titule sus tierras más allá de lo que necesite una familia campesina. El Ministro de Agricultura dijo en el Senado que la idea era usar el Incoder para no tener que cambiar la ley en que se fundamenta la UAF, de manera que las tierras públicas se entreguen en la extensión que determinen y en usufructo, en las zonas de desarrollo empresarial, donde también pondrán campesinos.

Uno de los problemas más complicados de este país es la falta de titulación de tierras. ¿Entonces, palo porque bogas….?

No, no me entienda mal. Ese no es mi punto. Estoy es tratando de esclarecer para dónde van. La respuesta es: a pasarle la tierra a los productores más eficientes. Toda la política consiste en separar la propiedad del suelo, de los cultivos. O sea que usted podría ser, el día de mañana, la dueña del terreno pero otro es el dueño de la palma africana, o de lo que sea. Eso es lo que ha llamado Luis Jorge Garay “crear un rentismo paupérrimo”. Y Santos en su discurso de Barrancabermeja, recién posesionado, en agosto de 2010, le ofreció a los campesinos que iban a ganar una plata por su tierra y otra por su trabajo.

Eso no me suena mal…

No suena mal pero, si lo piensa bien, verá que se trata de convertir a los campesinos en una especie de siervos. Por ejemplo en la famosa hacienda de Las Catas van a obligar a los campesinos a asociarse con La Nacional de Chocolates y el que no lo haga lo echan.

Pasando a otro tema, ¿por qué ha dicho que la Cumbre de Cartagena fue un fracaso?

La Cumbre tenía muchos propósitos, pero el principal era producir un documento en el que los países de América se ponían de acuerdo en algunos temas. Pero lo que se proponían era bastante mediocre y de contera no se produjo ningún documento.

Se sabía de antemano que temas como Las Malvinas, la despenalización de la droga y el ingreso de Cuba se pondrían simplemente a discusión y que de allí no iba a salir ninguna declaración al respecto…

No, el punto es que el fin para el que se cita la cumbre no se cumple. Ese es un hecho grueso y es tan grave el desacuerdo, que es probable que no haya más cumbres. La cumbre se hunde porque Estados Unidos no logra imponer su férula –y ese es un hecho muy positivo- porque en América Latina hay unas corrientes nuevas –no me refiero al Alba sino al continente todo- y los tiempos cambian. Estados Unidos ya no tiene el poder que tenía hace 30 años y hay cambios geoestratégicos en el mundo, de modo que es bastante positivo que haya ciertos gestos de dignidad y de independencia de este continente frente a ellos. A Santos sí le fue muy bien. Su reelección quedó catapultada, entre otras cosas, porque la convicción de que la cumbre fue un fracaso es un debate ilustrado.

Después de la Cumbre, Santos y Obama le dieron un empujón al TLC, ¿cuáles son las razones principales de la oposición feroz que usted le ha hecho a este tratado desde el principio?

En primer lugar que el país -y no solo el agro- va a perder en su conjunto. Los países capitalistas han tomado muchas medidas para desarrollarse. Subsidios a su agro, subsidios a la industria, protección, utilizar las compras públicas como un mecanismo de crecimiento, que los derechos de patentes no sean como quieren las transnacionales, sino menores, las comunicaciones las manejan de una manera determinada, en fin. Eso ha generado países como Alemania, Francia, Corea. Pero, para nosotros ¿qué es el TLC con Estados Unidos? Es quitarnos todos los instrumentos que han usado estos países que han tenido éxito para desarrollarse, porque reglamenta todos los aspectos de la vida del país: el sector financiero -banca y seguros- telecomunicaciones, medio ambiente, asuntos laborales, propiedad intelectual, compras públicas, importaciones y exportaciones agrarias, etc. Todo eso de acuerdo con las conveniencias de Estados Unidos. El capítulo de telecomunicaciones es leonino. En propiedad intelectual se toman determinaciones internas para aumentar la duración de los monopolios con tecnicismos y patentes.

He visto que usted no descarta la posibilidad de lanzarse a la presidencia en el 2014. ¿Cambiaría totalmente el esquema de gobierno?

Lo que yo he planteado sobre esa presunta candidatura es que, de hacerla, tendría que ser una candidatura del Polo, porque lo estoy pensando con seriedad, pero que si el Polo escoge a Clara López o a alguien diferente, ése será mi candidato. Lo segundo es que solo le jalo si logro hacer una cosa más allá del Polo: trabajadores, campesinos, indígenas y empresariado. No le jalaría a una cosa que no sea capaz de concitar una unidad nacional de verdad, o sea que gane todo el país, como debe ser, no como la de Santos. Eso presupone que el programa estratégico del Polo tiene que convertirse en un programa de gobierno. Yo no estoy hablando de una revolución. Hablo de un gobierno que produzca cambios profundos en el sentido de la unidad nacional y a partir de realidades que están ahí, con las que hay que trabajar para ver cómo se transforman esos proyectos, en ese contexto. Nadie puede hacer política, ni gobernar ajeno a las realidades.

¿Cómo llegará a las elecciones con un partido atomizado, del que se han retirado grandes figuras?

Esa es la lucha mía y la de cualquier candidato del Polo, porque hay consenso de que un candidato nuestro debe ir más allá del partido. El Polo es un proyecto que va más allá. Esa es la lucha, pero que quede claro que yo no estoy de precandidato. Ahora, si llegara a eso, el Polo tiene una as para presentarle al país y es que es el único que quiere cambiar esto.

Sí, pero no como lo hicieron en la administración de Samuel Moreno, al que – entre otras cosas- usted apoyó hasta el último momento.

Eso no nos lo van a perdonar nunca. Pero debo decir que no hubo una sola persona en la administración distrital en representación mía. Es evidente que pasaron cosas que no deberían suceder, que están muy mal y que caiga el peso de la justicia sobre el que tenga que caer. Pero la discusión es que teníamos que garantizar nuestras posiciones de principios frente a estos temas, pero también al debido proceso, que la izquierda valora muchísimo, y la presunción de inocencia.

MOIR