Cerca de las cuatro horas de esta tarde, una escena grosera ocurrió en el plenario de la Cámara de los Diputados Federales, en Brasilia, capital de Brasil.

El líder del Partido Verde, José Sarney Filho, leía un reportaje sobre el activista ambiental y trabajador extractivista de la floresta, José Claudio Ribeiro da Silva, brutalmente asesinado el martes, por la maãna, en el estado de Pará, junto com su mujer, Maria do Espírito Santo da Silva, ella también una líder en Amazonía.

Al informar que la pareja, defensora de los bienes naturales de la región, había muerto en una emboscada, se ha oído chifleos, provenientes de las galerías del público y por parte de algunos diputados terratenientes.

Esa indignidad fué divulgada en Twitter y muy comentada. “Un absurdo lo que ocurrió, escribió Tasso Rezende de Azevedo, ex-director general del Servicio Florestal Brasileño. “Quedamos estupefatos”.

El reportaje és de Daniela Chiaretti, publicada en el periódico Valor, en el día de hoy, 25 de mayo de 2011.
El asesinato de Zé Claudio, como era conocido, y de Maria do Espírito Santo, ha ocurrido a las siete de la mañana, a 50 quilómetros de Nova Ipixuna, sudeste del Estado, comunidad de Maçaranduba.

"Ellos venían en su coche, dirigiéndose para la ciudad. Había un puente dañado sobre el igarapé[1] .  Zé Claudio apeóse para examinar el problema, y fué emboscado”, cuenta Atanagildo Matos, director de la sección regional Belém, del Consejo Nacional de las Poblaciones Extractivistas, antes llamado Conselho Nacional dos Seringueiros[2]. Zé Claudio ha sido muerto fuera del auto, María fué disparada dentro del coche. Una oreja de Zé Claudio fué arrancada por los asesinos, detalla Atanagildo, el primer vecino a ser informado por Clara Santos, sobrina de Zé Cláudio.

La pareja sufría amenazas desde 2008. “Se trata de una región muy conturbada, donde és muy fuerte la presión de los madereros y carboneros[3], explica Atanagildo. És el último rincón con buen potencial florestal. Zé Claudia y María resistían mucho al desmatamiento. Ellos vivían hace 24 años, en un trozo de tierra de 20 hectáreas, en el Proyecto  de Asentamiento Agroextractivista (Paex) Praialta- Piranheira, a la orilla del  lago de Tucuruí[4]. Ellos extraían aceite de andiroba y castañas. En un encuentro en el mes de noviembre último, en el TEDx Amazonía, Zé Claudio denunciaba la destrucción florestal. “És un desastre para quien vive del extractivismo, como yo, que soy castañero desde mi niñez, a los siete años, que  vivo de la floresta y la defiendo de todas maneras. Por eso yo vivo con la perspectiva de un balazo en mi cabeza a cualquier momento”.

Gilberto Carvalho, secretario-general de la Presidencia de la República estaba en el Fórum Interconsejos, cuando um dirigente de la Confederación Nacional de los Trabajadores en la Agricultura (Contag) le pasó el informe. Él se fué al Palácio del Planalto, relatar la tragedia a la presidente Dilma Rousseff, y ella ha determinado al ministro de la Justicia, José Eduardo Cardozo, que la Polícia Federal investigue el asesinato de los sindicalistas

(versión al español de Tania J. Faillace – Porto Alegre, Brasil).

Comentario

Quien conoce el Sur de Pará, sabe que esos hechos son comunes. Que hasta hoy los terratenientes quemadores de matas, persiguen a agricultores y trabajadores de las florestas y de los asentamientos. Practican la tortura, la destrucción de sus cosechas tanto por el semeo aereo de plantas nocivas a las culturas, la quema de sus humildes casas, y a lo mayor, asesinan a familias enteras. Eso cuando no se dan al disfrute de hacer esclavos a los migrantes del Nordeste. Tales horrores son denunciados desde los años 70, a los comités de amnistía internacional y de la sociedad anti-esclavagista, y narrados en muchos libros sobre el Norte brasileño, pero las violencias prosiguen porque hay conivencia de autoridades y políticos locales.

Es esa gente que ha inventado de destruir la legislación ambiental brasileña, utilizando los buenos servicios de un diputado del PcdoB (Partido Comunista do Brasil), Aldo Rebelo, ironicamente aliado del latifundio, cuando su partido, en los finales de los 60 e inicio de los 70, ha luchado bravamente en la sielva amazónica contra la dictadura – Guerrilla del Araguaya, de inspiración maoísta, – y cuyos combatentes, em su mayoría, fueron  muertos, no en combate pero en prisón durante el gobierno militar (1964-84) , que ha también encarcelado en aquel periodo, por razones políticas, la que sería hoy la presidenta de la República de Brasil.

En el FSM de Belém do Pará, en 2009, hubo denuncias, llevadas junto al Ministerio de la Justicia de que las persecuciones persistían con la conivencia del gobierno regional, y de la fuerza pública, según los ditames de los grandes terratenientes, los mismos que no aceptan la preservación ambiental que pueda disminuir sus ganancias o obrigarlos a pagar multas y a recuperar tierras degradadas.

El abucheo en el Congreso equivale, pues, a una confisión de esa clase, de que prosigue sus violencias sin el menor remordimiento o cautela. Y la oreja cortada de la víctima constituye una vieja costumbre de los pistoleros a servicio de los terratenientes, para probar que ha sido cumplida la tarea asesina. Son relatados casos de colecciones de orejas conservadas en alcool por parte de esas personajes.

Tania Jamardo Faillace

escritora y  periodista brasileña de Porto Alegre

activista social