Suscita inquietud la guerra histórica desatada entre Argentina y Reino Unido por estos territorios, y que adquiere vigencia al ser un lugar de posición estratégica para acceder al Polo Sur y con reservas de hidrocarburos.

 
“Soldado argentino solo conocido por Dios”, dice en las tumbas de decenas de militares enterrados en el cementerio de Darwin en las Islas Malvinas, territorio donde se libró la guerra entre Argentina y Reino Unido hace 30 años.
 
La guerra estalló el 2 de abril de 1982 y se extendió hasta el 14 de junio del mismo año, dejando un saldo de 921 combatientes muertos, en su mayoría (649) del bando argentino.
 
Fue un conflicto corto, desigual e insólito, al que siempre se le auguró un final predecible. Corto, porque duró menos de tres meses; desigual, porque enfrentó a un ‘chico’ contra una potencial militar y económica, e insólito, porque se dio entre dos gobiernos de derecha (una democracia y una dictadura), aliados de Estados Unidos.
 
altLa causa fue la disputa por la soberanía de las islas en mención, actualmente ocupadas por Reino Unido, que ejerce su control como un territorio británico de Ultramar. Sin embargo, El origen del litigio se remonta a 1833 cuando el archipiélago fue ocupado por soldados británicos, quienes expulsaron a sus antiguos ocupantes de origen argentino.
 
Desde entonces, cada país empezó a construir su propia versión sobre la propiedad del archipiélago. Por ejemplo, los británicos han dicho que fueron ellos los primeros en descubrir las islas, luego de iniciar una expedición marítima el 14 de agosto de 1592. También han señalado que la ocupación de 1833 se efectuó expulsando únicamente a los militares argentinos.
 
En cambio, la contraparte sostiene que fueron los españoles los conquistadores originales del territorio por una expedición realizada a inicios del siglo XVI, y que por ende, al establecer Argentina su independencia de la corona en 1916, el archipiélago automáticamente, por su cercanía con las costas de la Patagonia, pasó a ser de su propiedad. Respecto a la ocupación de 1833, plantea que ésta se desarrolló expulsando tanto a nativos como a militares.
 
altFuentes documentales establecen que los británicos habían habitado un territorio del archipiélago entre 1765  y 1774 (antes de originarse la independencia de los pueblos en Sur América) el cual abandonaron firmando un tratado. También se conoce que las Provincias Unidas del Rio de la Plata (del cual formaba parta la actual Argentina), tomaron posesión real de las islas el 6 de noviembre de 1820, sin que el Reino de Gran Bretaña hiciera ninguna protesta. El primer inconformismo de los británicos se originó en 1831, el cual arrojaría sus frutos dos años más tarde cuando se establecieron definitivamente.
 
Los sucesivos reclamos de Argentina originaron la intervención de Naciones Unidas en 1965, que expidió la resolución 2065, la cual exige a las partes en conflicto encontrar una salida negociada a la disputa por la soberanía sobre el archipiélago, pero Reino Unido se niega  a sentarse a dialogar.
 
Es así como el país sudamericano, en cabeza de la dictadura, decide preparar una intervención militar que conlleve a la ‘recuperación’ del archipiélago, aprovechando el escaso interés de los británicos de fortalecer la presencia militar en la zona, por considerarlo un gasto económico y militar.
 
El ganador escribe la historia
 
altLa operación inició pasadas las nueve de la noche del 1 de abril de 1982 y al día siguiente ya se oficializaba el control sobre la zona. Sin embargo, la respuesta del bando contrario fue contundente, gracias a su ventaja estratégica y militar.
 
El peor golpe que Argentina sufrió fue el bombardeo al crucero General Belgrano, un buque de guerra que trasportaba 1093 tripulantes a bordo. 323 unidades militares murieron en el naufragio.
 
La victoria de los británicos le permitió a Margaret Thatcher ganar nuevamente las elecciones como primer ministra, a pesar las críticas por las reformar económicas de corte neoliberal adoptadas durante su primer mandato.
 
Por el lado Argentino, la derrota supuso el fin de las dictaduras militares, que también estaban perdiendo apoyo popular por la recesión económica y las denuncias de violaciones a los derechos humanos.
 
La discusión actual
 
altEn los últimos años el gobierno argentino, en cabeza de su presidenta Cristina Fernández, ha iniciado una campaña diplomática en distintos países del mundo, con el objetivo de ganar adeptos a su causa y así presionar en bloque las negociaciones con Reino Unido.
 
La misión ya generó el respaldo de los países de Latinoamérica, algo positivo para sus pretensiones, ya que durante la guerra se dio de manera parcial, siendo Perú el único el mostrar su apoyo abiertamente, mientras que Chile se alió con los británicos y Colombia se declaró neutral.
 
No obstante, la posición del gobierno británico frente al diálogo ha sido evasiva, sobre todo ahora que las exploraciones petroleras en la zona empezaron a dar frutos: Más de 8.3 billones barriles de crudo que hay en las aguas que comprenden el territorio de las Malvinas van a ser extraídos.
 
Como si fuera poco, el pasado 2 de abril Reino Unido envió a la zona uno de sus más modernos   buques de guerra, conocido como el destructor ‘HMS Dauntless’, causando nuevamente malestar en el gobierno argentino, que no dudo en calificar la acción de intransigente y colonialista.
 
El gobierno británico ha expresado que el envío de ‘destructor’ no supone una militarización del Atlántico Sur, sino una operación de “rutina” que forma parte de la continua presencia británica en la zona.
 
“Ahora estamos listos para que nuestra presencia dé seguridad a la región y para proteger los intereses británicos”,  dijo a la cadena BBC el capitán del buque, Will Warrender.
 
altEl primer ministro David Cameron, invocando el derecho de los pueblos a la autodeterminación, ha dicho que su gobierno estaría dispuesto a renunciar a las Malvinas si los propios pobladores del archipiélago lo exigen a través de una consulta popular.
 
Por su parte, el gobierno argentino ha rechazado esta postura por considerar que el concepto de autodeterminación de los pueblos no puede aplicarse en el caso de las islas, ya que la consulta se haría con una población traída e instalada desde Reino Unido, y no con habitantes nativos, sometidos por una potencia extranjera, tal como lo establece el derecho internacional.
 
altAsí como están las cosas (por un lago el gobierno argentino reclamando su derecho sobre el archipiélago, y por otro Reino Unido  defendiendo su dominio sobre la zona), no se vislumbra una salida fácil al conflicto, más aun en tiempos de crisis energética y alimentaria,  donde la tierra y el control de los recursos naturales representan un interés para cualquier país.
 
Reino Unido no cederá fácilmente a las pretensiones de Argentina, pero su control sobre las Islas puede perder legitimidad en la comunidad internacional, ya que en esta ocasión no se enfrenta a la dictadura de hace 30 años, sino a una democracia que invoca el diálogo como principal herramienta para dirimir el conflicto entre ambas naciones.
 
Javier E. Núñez Calderón