Vivimos en un Mundo que se construye mediante la destrucción de los entornos naturales que albergan los tesoros benditos del planeta Tierra.

Detrás de los centros comerciales, restaurantes de comida rápida, tiendas por departamento, complejos agroindustriales, edificios corporativos, autopistas vehiculares y demás proyectos urbanísticos, se esconde la despiadada aniquilación de los bosques, junglas y selvas que yacen en nuestros territorios.

La salud de los ecosistemas padece de un círculo vicioso en manos del Hombre, quien personificando al capitalismo de la atroz Sociedad del siglo XXI, no se cansa de derramar la sangre que se ciñe en la raíz, en el tallo y en las hojas de la Naturaleza. Es así, como la gran semilla que germinó el árbol de la vida, se sigue pisoteando, talando y derrumbando con la fuerza del hacha. De allí, que los altos índices de deforestación observados en la actualidad, son un reflejo de la ancestral complicidad de las empresas transnacionales, los organismos públicos y la indiferencia de la gente.

La deforestación va más allá de ser un proceso conllevado por la acción humana en el que se destruye la superficie forestal, debido a la tala o quema de árboles para satisfacer el apetito caníbal de la industria maderera, o para obtener suelos fértiles en los cuales desarrollar actividades mineras, agrícolas y ganaderas. Creemos que la deforestación es un problema irreversible e irreparable, pues su ejercicio está intrínsicamente coligado a otros inconvenientes de magnitud global, como la delincuencia organizada, el consumismo, el contrabando, la corrupción, el narcotráfico y la inacción judicial. Todo conspira a favor de la impunidad ambiental, que nunca recibe las denuncias, las sanciones y los castigos para los criminales, pero siempre aparecen nuevos productos, marcas y engaños que venderle a las personas.

En conexo, la deforestación fue una legendaria práctica ilegal que asaltaba los troncos bajo la luz de la Luna, y se convirtió en una rentable costumbre que se negocia a plena luz del Sol. No hay duda, que el desquiciante sonido de la sierra eléctrica prendida las 24 horas del día, hace que todos se desvelen escuchando la gran acústica del ecocidio en contra de la Pachamama. De hecho, mientras usted lee este artículo, siguen desapareciendo más y más árboles en la geografía mundial, porque los oficinistas necesitan hojas de papel para imprimir el logo de la nueva campaña publicitaria, los arquitectos requieren mucho más espacio para construir la pista de aterrizaje del nuevo aeropuerto, y los inversionistas extranjeros ya quieren empezar a extraer el oleaginoso petróleo.

A nadie le importa el destino de la biodiversidad, que implora silencio dentro de sus templos sagrados de supervivencia. Las aves, los reptiles, los mamíferos y los anfibios, se ven desgraciadamente forzados a abandonar sus hogares, antes que la tierra orgánica de sus nidos, cuevas y madrigueras, se transforme en una carretera asfaltada, en piso de granito pulido, o en alfombras tapizadas en bronce. No obstante, los Seres Humanos piensan que todo se resuelve colocando una bonita planta ornamental frente a la puerta de bienvenida de los locales comerciales. Nos seguimos equivocando al creer que con un poquito de verde artificial impregnado en el desértico entorno que habitamos, ya el sentimiento de culpa quedará execrado de nuestra conciencia.

Recordemos que la belleza biológica de los árboles, protege al suelo de la erosión, absorbe el dióxido de carbono (CO2), y libera oxígeno que purifica el aire del entorno. Incluso, los árboles abaten el impacto de las ondas sonoras, que causan contaminación sónica por el excesivo ruido del mundo moderno, debido al claxon de los automóviles, las máquinas de las empresas y las alarmas de las tiendas. La presencia de árboles en zonas urbanas, propicia un clima agradable que mejora nuestra relación con el prójimo, al percibir una mayor armonía, empatía y civismo entre los residentes. Es el refugio, el alimento y la esperanza de vida para seres vivos como insectos y pájaros, que a su vez, ayudan a mantener el equilibrio en los ecosistemas.

Los árboles son fuente de sabiduría, relajación e inspiración para quienes se atrevan a descubrirlos.

El capricho de talar un árbol por dinero, muestra toda la miseria espiritual que corrompe el alma del Hombre. Ya nadie quiere a los árboles. Son toscos, feos y estáticos. Son un verdadero estorbo, porque obstruyen la señal de las conexiones inalámbricas para navegar en la Internet, y enviar mensajitos por las redes sociales.

 

Los árboles están llenos de polvo y bichos raros, que no combinan con el glamour de una chaqueta de cuero, unos tacones altos y una hebilla plateada. Por culpa de los árboles, se registran accidentes automovilísticos que estropean el diseño vanguardista de los carros. Y para colmo, los árboles también atraen a los rayos, que en caso de tormentas eléctricas son una amenaza de muerte para las personas. Poco a poco, los árboles se han transformado en el enemigo a vencer por el orbe. Aunque el espíritu de lucha del planeta Tierra, es capaz de resembrar árboles y reforestar los suelos. En las últimas décadas se viene abusando de los recursos naturales, arrancando con violencia la hierba que crece en cada rincón del globo. Un problema que se repite en Latinoamérica, es el daño ambiental originado por la privatización de terrenos. El salvaje desmonte que se hace en predios, huertos, conucos y fincas, por disposición de los dueños de las tierras, es una práctica que destruye de forma arbitraria los ecosistemas. El hecho que sean los propietarios de un inmueble, no les da derecho a jugar con el hábitat.

Ya es imposible que la Naturaleza resuelva por completo las problemáticas vinculadas al Efecto Invernadero, al Cambio Climático y al Calentamiento Global. Vemos que la mayoría de los individuos se confunden al creer que sólo por observar un puñado de árboles frente a sus ojos, tras salir de viaje o regresando del trabajo, ya es razón suficiente para afirmar que el Mundo sigue tan verde como el pasto. Esa es la atávica trampa utilizada por las empresas inescrupulosas, que se aprovechan del marco de ilegalidad ambiental, para continuar con la nociva práctica de la deforestación, sin temor a represalias de los habitantes, comunidades o gobiernos.

El vertiginoso modus vivendi de la actualidad, se paga con la ignorancia de la población. La transculturación genera una mayor demanda de bienes y servicios que asfixian el discernimiento de la gente. Cuando negamos la importancia de rescatar el sentido de pertenencia, desconociendo las raíces autóctonas de nuestros territorios e irrespetando el valor del Medio Ambiente, estamos permitiendo la entrada de agentes externos (fábricas, consorcios, compañías), que deciden impulsar una infraestructura que jamás se somete a controles socio-ambientales, para tasar el grado de contaminación y la destrucción ambiental provocada. Lo más triste, es que las familias humildes de campesinos, etnias aborígenes y sembradores, terminan siendo las principales víctimas del eterno complot que existe entre el chantaje de los latifundistas, el oportunismo de las contratistas y los intereses económicos de los empresarios.

Muchas veces sin saberlo, estamos parados sobre invaluables patrimonios indígenas, en el recuerdo de árboles centenarios y en jeroglíficos de civilizaciones antiguas, que marcaron el inocente acervo histórico de nuestros antepasados. Sin embargo, ellos no imaginaban que el feroz proceso de industrialización provisto por la Humanidad, se centraría en irrumpir, explotar y mercadear todos los tesoros de Gaia. Por eso, ahora sólo vemos paredes con pantallas de alta definición, sentimos el frío del Aire Acondicionado y olemos el tradicional pollo de Kentucky. No hay ley, enmienda u ordenanza vigente que asegure el respeto por los árboles. Tales razones, obligan a denunciar el grave problema de la deforestación que se apreció en las tierras latinoamericanas durante el año 2013, y que a continuación explicaremos.

En Brasil, la deforestación aumentó en un 28% tras reportarse más de 5 mil kilómetros cuadrados de árboles talados, en gran medida, por la legalización de la reforma al Código Forestal que achicó las áreas verdes protegidas dando cabida a megaproyectos que destruyen la vegetación carioca. Los estados de Mato Grosso, Roraima y Pará, registraron los mayores índices de deforestación. Lo que genera discordia, es el acuerdo firmado por Brasil en el marco de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA), para compartir con el resto de países latinoamericanos su “infalible” sistema de control de deforestación, la tecnología empleada para controlar la tasa de deforestación y el financiamiento de iniciativas que protejan los bosques.

Parece que las manos de la burocracia, del clientelismo y de la corrupción están conspirando en contra de la OTCA, pues el 2013 demostró que Brasil no dispone de una estrategia certera que evite el aumento constante de la deforestación en su geografía, por lo que resulta absurdo creer que sus fallidos intentos por respetar los recursos naturales, dejen una enseñanza positiva a las demás naciones que integran la región latinoamericana. No olvidemos que el cultivo y la comercialización de la Soja, es toda una industria socio-productiva en Brasil, que viene expandiendo el mercado agrícola a costa de incrementar el porcentaje de áreas deforestadas.

En México, las obras de ampliación vial dieron como fruto la tala indiscriminada de 1500 árboles en la ciudad de Cancún, y más de 400 árboles sanos fueron derribados en la autopista México-Puebla, para seguir aumentando los kilómetros de pavimento que destruyen los suelos. Según la Central de Organizaciones Campesinas y Populares (Cocyp), diariamente se pierden 500 hectáreas de selvas, bosques y montes por la tala clandestina de árboles en el país mexicano. Además, en Puebla se pierden en promedio 15 mil hectáreas al año, y sólo se está reforestando una octava parte del total de los bosques que desaparecen. Vale aclarar, que la exagerada propaganda electoral también es culpable de la tala indiscriminada de árboles y de contaminar visualmente a los estados aztecas. México ocupó el sexto lugar en el año 2013 por deforestación a escala global, y el segundo puesto en América Latina, al perder un aproximado de 600 mil hectáreas al año.

En Paraguay, se incrementó un 34% la práctica de la deforestación a comparación del 2012, con más de 160 mil hectáreas de boques taladas. En la actualidad, la nación paraguaya deforesta gravemente la Reserva Natural Cabrera Timane y el Parque Nacional Médanos del Chaco. El salvaje ecocidio asociado a las actividades agropecuarias, se resiente en el Chaco Paraguayo o Región Occidental, donde se pierde un aproximado de 1000 hectáreas por día, representando más de 360.000 hectáreas destruidas al año. Recordemos que el Gran Chaco Americano, integrado por Argentina, Bolivia, Paraguay y Brasil, es el mayor bosque seco continuo del Mundo, y viene siendo sometido a un extremo proceso de deforestación que agudiza la crisis ambiental global.

En Perú, se depredan alrededor de 150.000 hectáreas al año, por la caótica práctica de la minería ilegal que está fuertemente adentrada en todo el territorio. Así, se ha perdido más del 50% de la cubierta vegetal de la costa peruana y se han reducido los bosques nativos del país andino. Por ejemplo, en la zona de Tamshiyacu, existió durante el 2013 un proceso brutal de deforestación de los bosques primarios., que terminó con la vida de más de 500 hectáreas para cultivar cacao y palma aceitera. Ahora vemos que la nación asiática de China, se interesa en firmar acuerdos bilaterales con Perú, para el manejo sostenible de los bosques, conservación de la biodiversidad y la protección de los pantanos, pues según los representantes chinos, ellos tienen una “estricta” política ambiental que evita la tala indiscriminada de árboles. Vale recordar, que para la producción de los palillos chinos se talan más de 20 millones de árboles al año en los bosques de China, lo que incide en la destrucción ambiental del planeta Tierra.

En Bolivia, se disipan 250.000 hectáreas boscosas al año, por el crecimiento de la frontera agrícola y el llamado “chaqueo”, que se basa en la incineración ilegal de árboles para obtener suelos fértiles en los que cultivar la coca. Recordemos que Bolivia perdió 1,8 millones de hectáreas por deforestación entre el período 2000-2010, afectando a las localidades de Santa Cruz, Cochabamba, Pando, Beni y la Paz. Hoy en día, la tendencia negativa sigue en aumento debido a que Bolivia junto a Paraguay, Indonesia, Malasia y Angola, está perdiendo rápidamente la masa forestal de sus territorios, y por ende, deforestando los bosques del Mundo. Por esas razones, se presentó en el país boliviano un juego didáctico denominado “SimPachamama”, que busca fomentar la responsabilidad socio-ambiental en la gente, viviendo en armonía con la Naturaleza y así lograr erradicar la práctica de la deforestación.

En Ecuador, la tasa de deforestación marcha a pasos agigantados, sobre todo, en la provincia costera de Esmeraldas, donde la madera es vista como una mercancía por extraer de los bosques nativos, plantaciones y formaciones pioneras. En Esmeraldas se están talando 12.000 hectáreas cada año. Aunque en el 2013 se estableció un Estado de Excepción por 60 días para contrarrestar la deforestación en Esmeraldas, es simplista creer con ese decreto se va a lograr un supuesto “aprovechamiento forestal sostenible”. La tala ilegal de bosques nativos es penada con hasta cinco años de prisión en la nación ecuatoriana. Pero, no hay amenaza jurídica que valga, cuando las empresas madereras imponen las reglas del juego. Pese a que desde el 2008 existe el programa “Socio Bosque”, que otorga incentivos económicos a los campesinos para que preserven por voluntad propia los ecosistemas, es más que evidente el fracaso de esa iniciativa.

En Argentina, se sigue afianzando la deforestación de los bosques nativos en la provincia de Córdoba. La elevada tasa anual de desmonte que se presenta en suelo cordobés, demuestra que no existe una verdadera política ambiental que castigue el delito y garantice el respeto por los ecosistemas. Vemos que cada año en departamentos como Ischilín, Río Seco, Tulumba y Cruz del Eje, se observa un daño ecológico permanente. En párrafos anteriores, comentábamos la importancia de proteger el Gran Chaco Americano, que por desgracia, se sigue deforestando en un santiamén. En el mes de octubre, se talaron casi 65.000 hectáreas de bosque chaqueño para uso agropecuario, en la que Argentina contribuyó con el 49% de deforestación.

En Uruguay, se pagan las consecuencias de privatizar el parque Roosevelt, que era un lugar de sana recreación familiar, y se convertirá en un parque de diversiones que tendrá 16 atracciones mecánicas, incluyendo un elevador de 17 metros de altura, el cual se entretuvo talando más de 100 árboles en un predio de 3,5 hectáreas. Casualmente en la antigua base Roosevelt Roads en Puerto Rico, también se produjo una deforestación que fue descrita como una “masacre ambiental”, pues fueron abatidos árboles, palmeras y el vistoso mangle rojo que se encuentra en peligro de extinción y es un símbolo de la naturaleza puertorriqueña.

En Chile, se talaron decenas de árboles patrimoniales en el municipio de San Bernardo, por donde se ubica la avenida Portales que es una zona emblemática chilena. Cabe destacar, que en la comuna de Curarrehue en Chile, se verificó el camino equivocado que transita la sociedad moderna, derrumbando árboles milenarios por ignorancia. La irrevocable decisión de talar 8 Araucarias por parte de la Corporación Nacional Foresta (Conaf), se basa en un proyecto de pavimentación vial, que no respeta el marco legal vigente el cual prohíbe su tala en territorio austral, por estar en peligro de extinción. El Araucaria es el árbol sagrado de los mapuches y un monumento natural que enaltece la identidad cultural chilena. Pero, los directivos de la Conaf declararon lo siguiente: “Es el costo del progreso, no podemos frenar el desarrollo de toda una nación por 8 araucarias”. Ese es el injusto razonamiento de quienes nunca tuvieron una debida educación ambiental, que les inculcara el valor conservacionista.

En Cuba, la provincia de Holguín aqueja un gravísimo deterioro ambiental por la ilegalidad unida a la tala y quema de árboles, a los suelos dañados por la extracción de minerales, y al vertido de basura doméstica. En Colombia, persiste el problema de la deforestación en Cundinamarca, que arrasa 23 mil árboles al año, lo que repercute en más de 2300 hectáreas. En Venezuela, existe una progresiva tala de árboles en la ciudad de Maracaibo, que en septiembre del 2013 registró los 50 grados centígrados de sensación térmica, siendo un nuevo récord en la capital zuliana. Es consabida la deforestación en el estado Zulia, que genera más calor, fatiga e intranquilidad en sus habitantes. También en el estado Nueva Esparta, se removió la capa vegetal de 77 hectáreas para la construcción de 3.500 viviendas, en un terreno adyacente a la avenida La Auyama.

Por desgracia, Colombia y Venezuela sufren los embates de la minería ilegal en busca de extraer oro y de las cuadrillas guerrilleras que invaden los ecosistemas. No es casualidad, que la deforestación de la Amazonía de Colombia alcanza las 65.500 hectáreas, por lo que el gobierno propone un programa llamado “Visión Amazonía”, para que grupos armados desmovilizados se comprometan a reforestar áreas verdes del país cafetero. Los ex guerrilleros recibirán pagos económicos por sus servicios. Es triste que el interés monetario sea la motivación del proyecto. Mejor sería que los grupos subversivos ayudaran de forma desinteresada a sanar los bosques que tanto han destruido.

En Honduras, se está perturbando el Parque Nacional de Humedales Cuyamel-Omoa, para desarrollar el mono cultivo de palma africana y agro-combustible, que viene socavando la cobertura boscosa y sedimentando los sistemas lagunares. En Panamá, se agudiza la cría de ganado, los cargamentos con madera ilegal y la minería clandestina, que sigue deforestando los bosques de la península de Azuero y las provincias de Chiriquí y Darién. Y en Nicaragua, tenemos el ecocidio que se comete a diario en Bosawás, siendo la mayor reserva de biósfera de Centroamérica, y que pierde 42.000 hectáreas al año, porque los grupos vandálicos de leñadores, necesitan mucha más madera que trasladar a los aserradores y venderle a los fabricantes.

La triste realidad demuestra que América Latina viene sistemáticamente liderando la tasa de deforestación a escala global. No sólo por el incremento del casi 30% que se produjo en la Amazonía de Brasil, sino por la irracional devastación del Gran Chaco Americano, que se intensificó abruptamente a lo largo del 2013, y que se está convirtiendo en un foco de deforestación masiva. Es lamentable que los mapas virtuales satelitales, las estadísticas provistas por los organismos ambientales, y las noticias que informan la alarmante desertificación de los suelos, siempre lleguen después que los camiones se atestaran de madera ilegal para traficarla con las mafias. Cada día todo se vuelve más plástico, más artificial y más contaminante. La semilla transgénica hace que los árboles se empiecen a ver borrosos, en blanco y negro, como si fueran una herencia del pasado que entorpece el futuro de la Humanidad.

Vimos que la deforestación es un crimen omnipresente, que se retribuye con mayor fiereza en los senderos latinoamericanos. Nadie se salva de la insaciable motosierra que glorifica la vida y la muerte de los árboles. No importa raza, bandera o credo, cuando la eterna impunidad ambiental se encarga de auspiciar el ultraje a los bosques. Mientras los Seres Humanos sigan poblando el Mundo, es imposible erradicar por completo la deforestación de la geografía mundial. Por eso, es vital reforestar el pensamiento y denunciar la tala de árboles en las ciudades que habitamos, buscando que el 2014 sea la oportunidad de exigir respeto por la Naturaleza.

Ecoportal.net
http://www.ecoportal.net/Temas_Especiales/Biodiversidad/La_gran_deforestacion_latinoamericana