Allá en Chorrillos, todos nos comunicamos sin necesidad de enunciar oraciones estructuradas, allá arriba nos comunicamos mientras caminábamos. Ese andar comunicativo, esa comunicación viva que nombró Yesid, es lo que realmente nos enseña, nos reta y nos mantiene en minga.

 

La actividad a la que fuimos invitados el pasadoa jueves 29 de abril, donde la programación de la Escuela de Comunicación hacía referencia a un día de trabajo comunitario, creo que desbordó todas las expectativas del grupo, al menos hablo por los que tuvimos la oportunidad de desplazarnos hasta la finca Chorrillos.

La lluvia que nos acompañó desde un principio más que presagiar un mal día, fue un aliciente para que desde un principio se comenzara a trabajar en grupo, a cuidarse colectivamente. Inicialmente, hubo confusión sobre de qué trataba la actividad,  ¿hacia dónde íbamos?,  ¿Quién coordinaba?,  pero todo se fue resolviendo en el camino, sin tener que entrar en muchos detalles, no eran necesarias las explicaciones.

No quiero hacer una descripción de aquello que sucedió durante el día, pero sí debo dejar en claro mis impresiones personales que en realidad fueron aprendizajes más que significativos. En primer lugar, se sintió enteramente qué es estar en minga. El trabajo siempre fue colectivo, permanentemente se vivió la unidad y la hermandad. El trabajo propuesto, que para mí fue algo nuevo y retador, consiguió que nos reuniéramos en grupos espontáneos, con comuneros y comuneras que no habíamos tenido la oportunidad de conocer durante estos días.

En segundo lugar, pude darme cuenta que el estar el minga también significa estar en armonía con la naturaleza y con los otros que nos rodean, con la comunidad. Estar en minga significa sobre todo estar contentos, mantener una alegría y un ánimo constante por lo que estamos llevando a cabo. Estar en minga significa hacer nuestro trabajo hasta que esté terminado, y después de terminado, continuar.

Un tercer aspecto trascendente para mí, estuvo en la fuerza sentida por todos nosotros allá arriba en el cerro. Hablo por quienes tuvimos la fortuna de caminar y llegar hasta la parte alta donde estaban los troncos de pino cortados. El trabajo no era sencillo, no todos teníamos experiencia, sin embargo, esta ocasión era especial, era una labor importante para la comunidad, era una responsabilidad. Y ese ambiente, ese contacto con la pacha, creo que reactivó la fortaleza corporal de todos, sobre todo de los citadinos, y nos permitió conseguir el objetivo, nos permitió hacer parte de la minga.

Otro aprendizaje que para mí fue una metáfora, fue la manera en que se hizo el descenso con el tronco de pino a la espalda. Durante la subida siempre hubo un camino que nos indicó la manera correcta de llegar hasta la cima, y así no perdernos. No obstante, al bajar fue diferente. El tamaño de los troncos y la exigencia física nos obligó a buscar nuevos senderos, nos obligó a usar nuestra creatividad que en realidad es eso que nombramos como malicia, convirtiendo el territorio más agreste, en nuevas posibilidades. La minga también es eso, un hacer enteramente táctico que permite habitar la naturaleza como campo de acción y de pensamiento.

Finalmente, comprendí las palabras del compañero Yesid del resguardo de Florida. La comunicación es viva, la comunicación no sólo refiere a lo mediático, a lo técnico, a lo informativo. La comunicación es una parte del espíritu, nos compone y nos potencia. La comunicación la llevamos por dentro, comunicamos desde el cuerpo, desde el gesto, desde el acento. Allá en Chorrillos, todos nos comunicamos sin necesidad de enunciar oraciones estructuradas, allá arriba nos comunicamos mientras caminábamos. Ese andar comunicativo, esa comunicación viva que nombró Yesid, es lo que realmente nos enseña, nos reta y nos mantiene en minga.